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Sin una buena técnica no se puede elegir qué música tocar
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Por Diego Fischerman>
“Sin una buena técnica no se puede elegir qué música tocar”

El virtuoso guitarrista tocará aquí los próximos sábado y domingo.
El grupo incluye a dos cubanos y un argentino.
Hace tres décadas, un grupo cambió para siempre los parámetros con los que podía medirse el virtuosismo instrumental en las músicas de tradición popular.
En una insospechada resurrección del Romanticismo del siglo XIX, el rock había tomado para sí –y había trasladado al jazz– las viejas ideas que unían arte y heroísmo.
Y, sobre todo, la mistificación de esos personajes que, como antes Paganini o Liszt, eran capaces de hacer con sus instrumentos lo que ningún otro podía hacer.
El grupo se llamaba Return to Forever, su líder era el pianista y tecladista Chick Corea y, después de un período en que el guitarrista fue Bill Connors, la plaza fue ocupada por Al Di Meola, un músico que tenía un control pasmoso sobre el instrumento y, sobre todo, capaz de lograr, a gran velocidad, un staccato (notas muy breves y secas) de una claridad única.
Después vinieron, entre otras cosas,
su famoso trío de guitarras con John McLaughlin y Paco de Lucía, y otro supergrupo llamado The Rite of Strings, junto al violinista Jean-Luc Ponty y el bajista Stanley Clarke.
Con ambos proyectos estuvo ya en la Argentina y, este sábado 18 y domingo 19, volverá a Buenos Aires para actuar con su grupo en el Teatro Gran Rex, acompañado por Ernie Adams en batería, Víctor Miranda en bajo, Gumbi Ortiz en percusión (ambos cubanos) y el argentino Mario Parmisano en piano.
“Mi lenguaje actual está más cerca de lo acústico que de lo eléctrico”, afirmó el guitarrista en una conversación telefónica con Página/12.
“Y en ese planteo, la posibilidad de tocar con dos músicos cubanos y un argentino me resulta particularmente enriquecedora.
La mirada sobre el ritmo es diferente, hay otras tradiciones jugando y, por lo tanto, mayor posibilidad de apertura.
Cuantos más ingredientes hay para hacer la mezcla, más imprevisible, original y sorprendente podrá ser el final.”
Al Di Meola –que compuso la obra New World Symphony, que finalmente fue grabada con Dino Saluzzi en el bandoneón para que fuera tocada por Astor Piazzolla, de quien fue amigo desde que lo conoció, en 1985– no duda en reconocerse “obsesionado por Astor”.
En ese sentido, define: “Su música es una música recorrida por múltiples influencias, pero en la que el estilo, su estilo, es tan fuerte que se imprime a cada nota.
Es imposible escuchar música de Piazzolla y no darse cuenta de que es de él.
Por su manera de componer y, por supuesto, por su manera de tocar”.
–¿De qué manera una música escrita, como es en gran medida la de Piazzolla, resulta atractiva para improvisadores?
–La música de Piazzolla es muy perfecta en un sentido clásico, y así está escrita; se trata de perfectas piezas de cámara.
Pero también tiene una conexión muy fuerte con lo emocional, con el sentimiento.
Es profunda. Y es desafiante para los intérpretes.
Es una música muy flexible, que permite muchos movimientos y dentro de la cual improvisar resulta absolutamente natural.
–Usted es uno de los ejemplos más acabados de la figura del instrumentista virtuoso. ¿Qué queda en la actualidad de una concepción como aquella con la que se gestó Return to Forever? ¿Y qué queda en su visión actual de la música de aquel guitarrista y de aquella técnica apabullante?
–Es necesario tener una buena técnica para poder tocar la música más interesante que se conozca.
Si uno está limitado técnicamente no se puede elegir qué es lo que uno toca.
La que elige es la dificultad y no uno. Y uno termina tocando lo que puede tocar y no lo que quiere.
Lo que sí me parece es que no debería perderse de vista que es un medio y no un fin.
Tener una buena técnica es la manera de poder tocar bien una buena música y no una forma de demostrar qué buena técnica se tiene.
Por otra parte, creo que el secreto de la técnica es la articulación.
Todos los buenos músicos articulan con claridad. Los mejores cantantes, los mejores pianistas, como Chick Corea o Gonzalo Rubalcaba, tienen buena articulación.
–¿Qué guitarristas influyeron su manera de entender la música?
–El primero fue Jimi Hendrix, por supuesto.
Y después descubrí los guitarristas de jazz: Tal Farlow, Jim Hall.
Y uno de mis últimos descubrimientos: Ralph Towner, alguien que me encanta por su apertura.