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El regreso de un gran guitarrista
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Por Diego Fischerman
Mike Stern en Buenos Aires

Integró la banda de Miles Davis y tocó, entre otros, con Jaco Pastorius. Es un instrumentista de culto y toca hoy y mañana en La Trastienda.
Hubo una vez en que Miles Davis se retiró de la escena.
Y hubo una vez en que decidió volver. Ya desde la inclusión de George Benson en las grabaciones de Miles In The Sky, la guitarra eléctrica era, para él, inevitable.
Después había estado John McLaughlin y, en su nueva irrupción en la escena, mucho más cerca del funk que antes, el elegido fue un joven que había coincidido, en la Berklee, con Pat Metheny y John Scofield.
Mike Stern grabó con Miles los tres discos emblemáticos de su retorno de los ochenta: Star People, We Want Miles y The Man With The Horn.
Antes y después de ese momento tocó con el último Blood, Sweat & Tears, con Billy Cobham, Jaco Pastorius, Michael Brecker y David Sanborn.
En 1993, la revista especializada Guitar Player lo eligió como mejor guitarrista y ese mismo año vino por primera vez a Buenos Aires.
Ahora, está de vuelta para tocar hoy y mañana en La Trastienda.
“Tocar con Miles Davis era genial, obviamente se aprendía muchísimo y más cuando, como en mi caso, no se tenía aún una gran experiencia”, dice el guitarrista.
“Toda la música de Miles es fantástica y la escucho
con gran placer.
No concuerdo con los que se quedan sólo con la primera época, más jazzística, ni con los que eligen sólo la última.
Todas son valiosas.
Pero, también es cierto que trabajar con él era complicadísimo.
Era una de las personas más difíciles que encontré jamás.”
Y Stern sabe de qué habla, si se piensa que en 1985 volvió una vez más a la banda de Davis para reemplazar en las giras a John Scofield, que era su guitarrista en ese entonces.
A punto de venir a comienzos de 2002, para presentar su CD Voices, la crisis desencadenada en diciembre del año anterior obligó a la cancelación.
Esta vez llega con un nuevo disco editado, These Times, y uno próximo a publicarse, Who let the cats out, donde participa la notable Kim Thompson, la misma baterista que tocará aquí este fin de semana y que forma parte, entre otros grupos, del liderado por el eximio pianista Kenny Barron.
El grupo se completa con el saxofonista Bob Franceschini y con un viejo conocido, el contrabajista Lincoln Goines, que ya estuvo con Stern en Buenos Aires y que es uno de los músicos más activos en la escena del jazz latino de Nueva York.
En el estilo de Stern coexisten pacíficamente varias vertientes, algunas más ligadas al jazz y otras provenientes del rock y el blues hecho por músicos de rock en las décadas del ’60 y ’70.
El mismo reconoce las influencias de sus colegas (“Metheny, Scofield y Frisell son los más grandes del momento; por supuesto los escucho y, por supuesto, se nota en mi música”) y de los grandes de la historia del jazz (“guitarristas como Wes Montgomery pero, también, otros que no son guitarristas; ¿cómo no estar influido por Parker o Coltrane?”), pero, en su manera de tocar, aparecen también Clapton, Jeff Beck y Hendrix.
No por nada su primera actuación porteña, hace ya más de diez años, terminó con Who Knows.
En aquella ocasión, más allá de los arreglos con los que suele lucirse en los discos y de una nada desdeñable labor como compositor, casi todo pasó por el viejo y buen recurso de la zapada.
“Me gustan las cosas sencillas”, dice Stern.
“El jazz llegó a complicarse demasiado y no es que eso esté mal, incluso puede gustarme escucharlo, pero ya no tengo ganas de tocarlo.
Lo que me divierte es dejarme llevar.
Y que el sentimiento fluya entre los distintos músicos que estamos tocando.
Prefiero, en este momento de mi vida, los arreglos básicos, directos, que no ocultan nada y que permiten mostrar lo que uno tiene para decir.”