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El genial tercero en discordia
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por Gaspar Zimerman

MUSICA : A 5 AÑOS DE LA MUERTE DE GEORGE HARRISON.
El genial tercero en discordia.

Lo llamaban "el beatle silencioso", pero era mucho más que eso. Pionero del rock solidario, investigó la música india y la electrónica.
Introvertido. Era el más joven de Los Beatles. En la última etapa de la banda y como solista, se destapó como un compositor extraordinario.
George es un hombre invisible entre dos egomaníacos". Quizá fueron estas palabras de John Lennon las que terminaron de atrapar a Harrison en un lugar común repetido a través de los años: quedó para la historia como el beatle tranquilo, el beatle silencioso, el misterioso, el introvertido, el místico, el eternamente relegado por la implacable firma Lennon-McCartney. Quizá por eso, sus fanáticos se ubican en el otro extremo y, con el mismo afán encasillador, gritan lo contrario: que George era, en realidad, el alma de Los Beatles, el mejor de los cuatro, el verdadero innovador. Debates y redundantes adjetivaciones aparte, hoy —con la caprichosa excusa de los cinco exactos años de su muerte— lo mejor es recordarlo como lo que indiscutiblemente fue: un músico imprescindible.
Llegó al mundo en plena Segunda Guerra Mundial, el 25 de febrero de 1943, en Liverpool, en una Inglaterra devastada por las bombas alemanas. Hijo de un colectivero, su origen fue tan hu milde como el de sus tres socios, con la diferencia de que no sufrió la
muerte, el abandono ni el divorcio de ninguno de sus padres. A los 13 años, para compensarlo por una gripe que lo mantenía en cama, su madre le compró su primera guitarra; enseguida se involucró en un par de bandas —The Rebels y Les Stewart Quartet—, y a los 15 ya formaba parte de The Quarrymen, el embrión de Los Beatles, liderada por Lennon. George había llegado gracias a su amistad con Paul, compañero en la secundaria. En 1960, The Quarrymen mudaron primero en The Silver Beatles y, luego, en el definitivo The Beatles, y partieron hacia Hamburgo: la aventura alemana terminaría con la deportación de George, el único del grupo que todavía era menor de edad.
La primera de la veintena de canciones que aportó al grupo fue Don't bother me, registrada en With The Beatles (1963). Todavía faltaba para que su influencia en la banda fuera más allá de su aporte como primer guitarrista: esto recién ocurriría a partir de Rubber Soul (1965) y Revolver (1966), en los que sus experimentos con la música de la India y sus estudios de sitar con Ravi Shankar impregnaron el sonido beatle. Y no sólo el sonido: en febrero del 68, a través de Harrison, el cuarteto —en una delegación que también integraban sus mujeres, algunos Beach Boys, Donovan y Mia Farrow, por ejemplo— se trasladó a la India, para meditar en el ashram del gurú Maharishi, de la Sociedad Internacional de Meditación.
Aunque esa historia no tuvo un final del todo feliz, mostró que George no era un simple actor de reparto opacado por el genio de John y Paul y la clownesca simpatía de Ringo. En Abbey Road (1969), con Something y Here comes the sun, quedaría claro que Harrison estaba a la altura de sus compañeros. Años más tarde, George Martin, productor del grupo, reflexionaría: "Creo que el problema de George fue que nunca fue tratado por nadie como alguien que tenía la misma calidad a la hora de escribir canciones. En ese aspecto soy igual de culpable (que John y Paul). El otro problema era que no tenía un colaborador. George era un solitario y me temo que los tres agravamos el problema. Ahora lo lamento".
Después de la separación del grupo, él fue el primero en hacer un disco solista exitoso, All Things must past (1970). Pero George, además, fue un precursor en la investigación de la música electrónica —con discos experimentales como Wonderwall music y Electric sound— y en la idea de que el rock podía ser solidario, con la organización del Concert for Bangladesh. En gran parte de los 80 y los primeros 90 su producción mermó, hasta que en 1987 volvió con Cloud nine, y el mega hit I've got my mind set on you.
Sus últimos años los pasó recluido en su mansión en la campiña inglesa, dedicado a la vida con su mujer, la mexicana Olivia Arias, y su único hijo, Dhani. Devoto hare krishna, no ansiaba más prestigio: "Desde el punto de vista general —decía— importaría muy poco que nunca hubiésemos cantado o grabado un disco. Eso no es lo que cuenta. A las puertas de la muerte necesitarás algún tipo de guía espiritual y conocimientos que abarquen más allá de de los límites del mundo físico. Desde esa perspectiva da igual que seas el rey de un país, el sultán de Brunei o uno de los fabulosos Beatles; lo que cuenta es lo que se lleva dentro. Para mí, algunas de las mejores canciones son las que todavía no he escrito, y da lo mismo si nunca llego a escribirlas".

1970: la venganza íntima a fuerza de canciones
por MARIANO del MAZO

Apenas separados Los Beatles, John Lennon describía en God sus sentimientos (que muchos interpretaron los sentimientos de una época). Entre los versos nihilistas con nombre y apellido (no creo en Elvis, en Dylan, en Kennedy, en Los Beatles..., etc.) se colaba el famoso eslogan: "El sueño terminó". Para George Harrison, era la pesadilla la que había terminado.
Los escombros beatles eran, en 1970, una montaña de rencores y cruces de cartas documento. Paul McCartney y John Lennon se detestaban y peleaban por un negocio de millones de dólares. George estaba enfrascado en su venganza personal, íntima: después de una década de estar a la sombra de los genios, de colar penosamente un temita por disco de Los Beatles y de dejar claro, a partir de 1966 con Taxman, su estatura y madurez compositiva, se despachó con un álbum triple que representó un mandoble en los egos inflamados de Lennon & McCartney. All thing must pass fue insuperable en 1970 y tal vez el mejor disco beatle solista, muy cerquita de Plastic Ono Band de John y de Band on the Run de Paul con Wings.
Después, es cierto: mientras John se retiraba de la música para criar a su hijo Sean y Paul se pasteurizaba previsiblemente, George también se diluyó. Curiosamente la década del 70 fue, con los cuatro beatles vivos, mucho menos beatle que los últimos años. George mechó algunos éxitos, continúo inventando la world music, inventó la idea del show solidario con Concert for Bangladesh y profundizó su misticismo. Tuvo un inesperado éxito con Cloud Nine, en 1987, pero artísticamente hacía tiempo que ya había dado todo. Esto es, muchísimo. Quedan los discos como consuelo. Esas canciones, tanta belleza.