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Paz, amor y rock and roll
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por Martín Sassone

MUSICA: A 40 AÑOS DEL FESTIVAL DE MONTEREY
Paz, amor y rock and roll
Símbolo de "El verano del amor", fue el primer gran festival de rock. Brillaron The Who, Hendrix y Joplin.

En 1969 cientos de miles de jóvenes con mensajes de paz y amor, sorprendieron al mundo con tres días a puro rock & roll: Woodstock pasó a la historia como el más grande de todos los festivales de rock y su sola mención sintetiza una época exaltada por la guerra de Vietnam, los conflictos raciales, los derechos civiles y la psicodelia. Pero Woodstock no inauguró la época del flower power y los conciertos masivos. El inicio fue dos años antes, en pleno verano boreal, cuando otro festival gratuito atrajo a más de 200.000 jóvenes. Los días 16, 17 y 18 de junio de 1967 marcaron el comienzo del llamado Verano del Amor. Y desde lo musical el Monterey Pop Festival fue revolucionario: Jimi Hendrix prendió fuego su guitarra mientras interpretaba Wild Thing y cambió para siempre la historia del rock.
Monterey es una pequeña ciudad californiana a dos horas al sur de San Francisco, custodiada por colinas bajas y hermosas playas que dan al océano Pacífico. Ese paraíso de pequeños viñateros y pescadores fue el lugar elegido por los productores Lou Adler y Alan Parisier, y el grupo The Mamas and The
Papas para hacer el concierto masivo y multicultural que soñaban.
Los artistas de rock del momento eran Los Beatles —que acaban de editar el monumental Sgt. Pepper—, los Rolling Stones, Cream, The Beach Boys y Bob Dylan. Por distintas razones ninguno de ellos pudo presentarse, pero no significó un escollo para el éxito del evento.
Al final, un beatle y un stone contribuyeron con la organización: Paul McCartney integró la comisión del festival y fue quien sugirió que incluyeran a Hendrix, hasta entonces un guitarrista estadounidense poco conocido en su país que ya había cautivado a los ingleses. En tanto Brian Jones fue uno de los maestros de ceremonia.
El festival comenzó el viernes 16 con el show de The Association, un grupo pop californiano que se codeaba con la psicodelia. Ese día además se presentaron el cantante Low Rawls, Simon & Garfunkel, Johnny Rivers y los británicos The Animals.
El sábado fue un día muy intenso y repleto de blues: Canned Heat, Paul Butterfield Blues Band, Steve Miller y The Electric Flag, la banda del guitarrista Mike Bloomfield. Pero hubo mucho más. La ciudad de San Francisco, cuna del movimiento hippie, se vio representada por dos bandas de pura cepa psicodélica: Jefferson Airplane y Moby Grape. Y la gran urbe de Los Angeles aportó a los populares The Byrds, que tocaron varios temas de Dylan como Chimes of Freedom y He was Friend of Mine.
Ese mismo día el mundo descubrió a quien se convertiría en la gran voz blanca del blues y en un ícono de la contracultura hippie: Janis Joplin asomó tímidamente al frente de Big Brother & The Holding Company y cautivó a todos con una notable versión de Down on me. Ese día cerró el cantante de soul Otis Redding. Su poderío vocal explotó con Try a little Tenderness.
El domingo abrió el músico indio Ravi Shankar, el único que cobró dinero (3.000 dólares) por presentarse en el festival. Hipnotizó a todos con el sonido de su sitar. El trance seguiría con los shows de Buffalo Springfield (con Stephen Stills y Neil Young), los Grateful Dead y una nueva aparición de Janis Joplin y su banda.
Sabiendo lo que les esperaba, la banda inglesa The Who decidió presentarse antes que Hendrix. "Cómo íbamos a tocar después de él, se hubieran reido de nosotros" admitió tiempo después Pete Townshend.
The Mamas and The Papas cerró el show con su hit California Dreamin' y el clásico Dancing in the Street. Pero antes que eso, apareció la Hendrix Experience en escena. Empezó con toda la potencia del blues Killing floor y siguió con Like a Rolling Stone de Dylan, Foxey Lady, Purple Haze y el memorable final de Wild Thing. Tocó con los dientes, por detrás de la espalda con una precisión y un virtuosismo nunca visto hasta entonces. "La guitarra se volvió una extensión de su cuerpo", contó luego el actor Dennis Hooper, testigo de aquella noche mágica, en la que el rock cambió para siempre.