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Sobredosis de nostalgia en el rock nacional
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subir a el rock en argentina. 
por Damián Damore

En 2006, a raíz del aniversario que marcó las primeras cuatro décadas del rock argentino, se editó casi una veintena de álbumes tributo y recopilaciones de viejos temas. Algunos apuntan a una revisión histórica necesaria; otros, a falta de ideas. Músicos y críticos analizan el fenómeno y aventuran cómo sigue el rock después de los 40.
Cuando Los Gatos Salvajes editaron su primer álbum en 1965 muy pocos imaginaron que esa sería la piedra fundamental del rock argentino. A más de cuatro décadas de aquella epopeya, el rock se mira a sí mismo con una legión de discos tributo. Los álbumes homenaje y el regreso de artistas que construyeron en poco más de 40 años lo que se llama rock nacional, abastecen gran parte de la escena musical del género de los últimos años. Sólo en 2006 se editaron casi dos decenas de discos compilatorios y de revisión. A simple vista los álbumes de estudio con sello de
autor dejaron de ser una prioridad. Es cierto que el formato digital les dio un respiro a todos: por la web circula tanto material inédito, que músicos y consumidores se ven liberados de cubrir oferta y demanda.
La serie de homenajes no es nueva: ya en el año 1986 Juan Carlos Baglietto dedicó un álbum completo, Acné, a la música "con la que había crecido", según sus propias palabras: canciones que se hicieron notables con el paso del tiempo y a su vez hicieron populares a sus compositores e intérpretes. "Tema de Pototo", de Luis Alberto Spinetta y Edelmiro Molinari (Almendra); "El terror de la abuela", de Gustavo Santaolalla y "Por probar el vino y el agua salada", autoría de Charly García en La Máquina de Hacer Pájaros, son algunos de los temas a los que Baglietto le puso su voz en aquel disco.
Lejos de la costumbre de los 70 y los 80 cuando era prioridad de la industria y placer para los músicos grabar discos regularmente (uno por año era lo habitual), desde el último lustro de los 90 se repitió la gestación de álbumes homenaje, reediciones y recitales en vivo, y durante el año pasado cobró mayor auge con ecos que llegan a 2007: los sábados 14 y 27 de abril, por ejemplo, Fabiana Cantilo tocará en vivo los temas de Inconsciente colectivo, su disco homenaje al rock nacional (ND Ateneo, Paraguay 918).
El negocio del recuerdo
Aquelarre, una banda fundacional de la historia de la música argentina compuesta por Emilio Del Guercio, Rodolfo García, Hugo González Neira y Héctor Starc fue noticia en 2006 y lo volverá a ser este año. Ocho años después de su regreso con una serie de shows en el Teatro Alvear —luego de 21 de ausencia—, regresaron con reediciones y material nuevo: el sello Acqua registró aquel reencuentro con un álbum en vivo titulado Corazones del lado del fuego, más Aquelarre (1972), su ópera prima, y Candiles (1973), su segunda placa jamás editada hasta ahora en cd. Aunque filmaron y grabaron el show del Alvear sin proponerse ninguna meta para el futuro, el tiempo pasó y finalmente el material vio la luz. Ellos luego de aquel recital apuntaron que no se trataba de una "nostalgia pegajosa", sino más bien de colaborar con lo que consideraron un "bien emocional": su música. Hoy vuelven al ruedo: "No hay nostalgia. Estamos recuperando los derechos de los originales para tener control sobre nuestra obra. Pero no podemos planear las cosas más allá", dice Rodolfo García, el baterista. El mismo Del Guercio asume que la reunión responde más que nada a las virtudes de la tecnología: "Lo interesante del material es contar con una calidad de audio que antes no se tenía y nuestro control, pero no pensamos en volver a tocar, veremos más adelante". La reentré se completará en mayo con la salida de los dos álbumes que resumen su obra: Siesta y Brumas.
El fenómeno del retorno y el homenaje divide al rock en dos bandos: los que creen que se trata de una maquinaria que de cualquier modo sigue adelante, y los que consideran que la remembranza sólo ocupa un espacio vacío en el álbum de figuritas histórico del rock. El periodista Oscar Jalil representa un caso curioso. Desde su tarea como conductor de un programa en Radio Universidad de La Plata (107.5) fue el ideólogo de Tomo lo que encuentro, 19 versiones de Virus, un disco afecto a la banda de los hermanos Moura; sin embargo, no considera que sea un trabajo parecido a los muchos que se conocen como tributos a grupos que dejaron su huella en la historia de la música nacional. "La historia del rock empieza a tener peso propio y el repertorio se acomoda entre clásicos y canciones escondidas. En nuestro caso la idea es otra: hacer valer a los nuevos artistas a quienes les costaría mucho ingresar en el gusto de programadores musicales, periodistas de espectáculo y críticos de rock. El sello de Virus abre otro tipo de puertas", confiesa el también creador de De regreso a Oktubre, un trabajo de rasgos similares a Tomo lo que encuentro..., en el que bandas nuevas repasan completo el segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (Oktubre, 1986) e incluye bonus tracks: "El regreso de Mao" y "De estos polvos futuros lodos", dos clásicos de la banda platense que quedaron afuera del disco original pero que formaban parte del repertorio en vivo de la banda en aquella época.
Una voz autorizada para hablar del tema es el periodista y poeta Miguel Grinberg; en los 70 organizó el festival Rock Centro, con recitales históricos de Moris, Raúl Porchetto, Pescado Rabioso, León Gieco y Pappo's Blues, entre otros. Actualmente conduce en la madrugada de los sábados el programa Rock que me hiciste bien, por LRA Radio Nacional. Historiador y testigo de la génesis del rock vernáculo, desmitifica el fenómeno del retorno sin dudar. "El fenómeno del regreso no tiene nada de revolucionario: es el álbum de fotos de la abuelita añorada. La Argentina es un país melancólico y los argentinos son asiduos coleccionistas de estampitas. Basta ver las postales y los posters que ofrecen los quioscos de revistas de Buenos Aires: Gardel, Evita, el Che Guevara, todos cadáveres ilustres. El Correo Argentino homenajea al rock argentino con una emisión de estampillas en base a muertos notables: Pappo, Tanguito, Miguel Abuelo y Luca Prodan. Parece un velorio infinito. Pero el rock renace a expensas de su tradición y de sangre nueva e inesperada", se esperanza el creador de la legendaria revista Mutantia 21.
El periodista, escritor y crítico de rock, fundador de la revista Esculpiendo Milagros, Norberto Cambiasso, apoya su visión en la coyuntura: "Las reuniones de Almendra y de Manal, por ejemplo, coincidieron con un boom de recitales y con una extraña mezcla entre los albores del empresariado rockero y la vuelta a los orígenes contraculturales. Había aún cierta perplejidad en cómo situarse frente al Proceso —perplejidad que se vuelve estupidez con Malvinas y el festival de la solidaridad latinoamericana—, pero también hay algo de nostalgia en esas vueltas, aunque la de Almendra vino con temas nuevos y después un LP completo (El Valle Interior). Además a fines de los 70 el jazz rock copó la escena que antes ocupaba la música progresiva. Y hubo visitas eminentes como John McLaughlin y Egberto Gismonti, y nacieron grupos nuevos ligados al jazz rock como Rayuela. Así se empezó a discutir, por ejemplo, si Edelmiro Molinari estaba a la altura de McLaughlin; una tontería. Así la comunidad rockera se empezó a aislar. Aislamiento que siempre se repite aquí de un modo u otro, con o sin dictaduras", señala.
Almendra, Sandro, Virus, Don Cornelio y la Zona, Sumo, Soda Stereo y Andrés Calamaro son sólo algunos nombres de la larga lista de homenajeados en los últimos años. El más reciente le llegó al gran pionero: Litto Nebbia. Trece bandas participaron de Mansos y salvajes, la cortesía para Los Gatos Salvajes de grupos y solistas. El propio Nebbia al recibir el disco apuntó: "Soy uno de los compositores de rock hispano parlante que más ha sido grabado internacionalmente. Es muy noble y satisfactorio que alguien grabe una canción propia. Pero esto no significa que todas las versiones conformen. Esta ha sido una de las más grandes satisfacciones compositivas que he tenido. Primero porque nadie me llamó siquiera para avisarme que se estaba gestando. Produjeron el álbum y un día cayó alguien a mi estudio y dejó una caja de cds recién editada. Me gustó todo el concepto del tributo".
La industria discográfica navega en aguas calmas compilando material que recuerde a los músicos o bandas que fueron exitosas. En este escenario, Pablo Strozza, crítico de la revista Rolling Stone, aventura para el futuro cercano algo que muchos fanáticos verían con regocijo: "Creo que estamos en presencia de una segunda parte de la saga de los 'grandes regresos en el rock'. La primera se dio con Manal, Almendra y Serú Giran. Y ahora con la tan mentada reunión de Soda Stereo, Los Fabulosos Cadillacs y por supuesto la vuelta de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Estos íconos de los 80 y los 90 se separaron y, pese a que la gente pudo suplantarlos con La Renga, Los Piojos, Bersuit o Babasónicos, dejaron un vacío artístico tan grande que la especulación de sus vueltas se hace constante".