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El español en la encrucijada global
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por Claudio Martyniuk
El español en la encrucijada de un mundo global

Marcada por las migraciones, en convivencia con las lenguas nativas americanas y con el inglés, que se le impone a través de la tecnología, la lengua española vive un momento de transformación y un horizonte de gran entusiasmo.
No hay una institución dueña del idioma, ni siquiera un país, aunque sea aquél donde se originó o en el cual hoy viven el mayor número de hablantes en español (y ése es el caso de México). Pero esto no significa que exista un todo vale dado que el lenguaje es público y cuenta con reglas, aunque ellas puedan estar abiertas a cambios a través del tiempo.
Poroso, sin fronteras que lo contengan, mutable y hasta sin límites entre lo que puede expresar y lo que no, el lenguaje demanda una especial atención de parte de investigadores, escritores y operadores de las industrias culturales. Se debe atender a las tendencias que se manifiestan, corregir las deficiencias observadas y, a la vez, preservar la riqueza de la variedad lingüística presente en una cultura.
En nuestro mundo globalizado, la comunicación ocupa un lugar central. Ya la información científico-técnica ha devenido, como lo reconoce el filósofo alemán Jürgen Habermas, la principal fuerza productiva de nuestra época, mientras que la cultura se halla atravesada por el mercado. La revolución digital elimina distancias y lleva al infinito la acumulación de contenidos e información. En este contexto, el libro y los medios gráficos —en especial los diarios, que fueron pilares de la esfera pública moderna— se hallan expuestos a influencias y a la necesidad de convivir en un entorno en permanente ebullición y dominado por el inglés.
Es claro que, en este contexto, los problemas del español no pueden ser encapsulados en el ámbito de cada nación donde esa lengua predomina, requiriendo un abordaje abierto y concertado, problematizador y no reductivo.
El III Congreso de la Lengua
Española focalizará el análisis de la tensión entre "identidad lingüística y globalización", partiendo del supuesto de que en el mundo contemporáneo, lejos de disolverse toda diversidad, adquieren mayor potencialidad las diferencias. Así, se han organizado los debates en tres foros, en el primero de los cuales se analizarán —como lo ha explicado el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha— "los aspectos ideológicos de la identidad lingüística junto a la relación del español con otras lenguas con las que convive, las indígenas en América y las que se utilizan en España".
- Lengua plural
Las voces de los expatriados, de los migrantes que llevan y traen otras lenguas, también serán objeto de análisis, sea tanto porque países de habla española son receptores de personas que portan diferentes identidades lingüísticas, como porque poblaciones hispanas deben buscar un hogar en ámbitos donde priman otros idiomas. Así, se podrán advertir dimensiones tan disímiles como la larga ausencia de una política lingüística en la Argentina para acercarse desde el ámbito escolar, a los pueblos originarios e inmigrantes que no son hispanohablantes, o —por citar un caso del todo diferente— el enorme impacto del español en la sociedad norteamericana, que hoy avizora un futuro de país bilingüe.
A este mismo eje pertenecerá la indagación sobre la vinculación entre sociedad y lenguaje, en la cual el empobrecimiento de las experiencias subjetivas y el decaimiento de la riqueza lingüística tienen una complejidad que excede a la mera relación entre pobreza material y achicamiento del campo simbólico, ya que se relaciona con la unidimensionalidad de los bienes simbólicos producidos para el consumo por las industrias culturales de masas.
El segundo gran foro temático se referirá a la identidad y la lengua en la creación literaria y tendrá un tratamiento abierto, capaz de pensar el diálogo entre distintas literaturas y la invención de una identidad local en el marco de tradiciones que, como lo señalara Borges, son universales.
- Una política común
También se estudiarán las políticas de traducción y la lengua hablada en películas, series y telenovelas, sean en español de origen o sean dobladas. En Rosario se presentará la edición del Quijote que ha realizado la Real Academia Española a poco de cumplirse, el año próximo, los cuatro siglos de la aparición de la obra literaria que mostró la riqueza del español para construir mundos de ficción.
El restante eje que merecerá sesiones plenarias y paneles tendrá como tema el español internacional y la internacionalización del español, y se centrará en las funciones de los medios de comunicación con respecto a la creación cultural, a la preservación de variedades locales, al espacio del libro producido en Iberoamérica y a la necesidad de planificar la enseñanza del español en el mundo. Cabe consignar que la lengua portuguesa acortará su distancia con el español, merced a algunos representantes de primer orden: Nélida Piñón, novelista y presidente de la Academia de Letras de Brasil, cuyas obras completas serán llevadas a nuestro idioma el año próximo, y el premio Nobel portugués, José Saramago, quien abrirá el homenaje a Ernesto Sabato en la última jornada de sesiones. Se debatirán algunos de los desafíos más trascendentales que deberá enfrentar nuestra lengua en este milenio: ganar en coordinación de políticas y estrategias lingüísticas sin que se pierdan los rasgos locales, facilitar que la lengua española pueda desplegarse como productora de cultura y universos de lectores y espectadores en las más disímiles geografías y, sobre todo, preservar y extender su posición en un contexto en el que se ha establecido el imperialismo del inglés como lengua mediadora entre lenguas e idioma dominante en la ciencia, las innovaciones tecnológicas y el mundo de los negocios.
- ¿Idioma de laboratorio?
La historia de los congresos de la lengua no es como la contó César Aira en El congreso de literatura, aunque ambos tengan elementos en común. En la novela de Aira se trata de clonar a Carlos Fuentes, asistente a un congreso que transcurría en Mérida, Venezuela; Fuentes también estará en Rosario. Aira recuerda en su novela un viejo consejo sapiencial: "Simplifica", y lo adopta como divisa para su escritura. En buena medida los participantes de la asamblea que tiene como tema el español también deben simplificar, ya que como lo advirtió George Steiner en Después de Babel, "el concepto de un idioma estándar no es más que una ficción fundada en la estadística". Además, la complejidad de un lenguaje desborda cualquier cauce que se le quiera imponer.
Pero así como aun en la "simplificación" de un relato se tejen tramas y se producen sentidos, en la "simplificación" de los especialistas de la lengua se trazan mapas de los flujos del habla, y se revisan y modifican normas que —dado que el lenguaje es un fenómeno público reglado— orientan usos tenidos como correctos por los usuarios del idioma. Congresos y academias, entonces, analizan y orientan, porque como lo afirmó en El dardo en la palabra Fernando Lázaro Carreter, miembro de la Real Academia Española fallecido hace meses, "los idiomas no se construyen en los laboratorios, sino en la sociedad que los usa".
Si hasta 1924 y 1925 la Real Academia llamó "de la lengua castellana" a su Gramática y a su Diccionario, luego se pasó a adoptar el criterio de Ramón Menéndez Pidal, quien entendió esto como impropio, perteneciente a un exclusivismo del reino de Castilla que no se asienta en la tradición medieval ni en el perfeccionamiento de la lengua debido a la literatura del Siglo de Oro.
La crítica al centralismo uniformador sostenido por los académicos tradicionalistas ha tenido un giro importante en los últimos años, en los cuales ha crecido el reconocimiento de que el español es una lengua internacional y que, por tanto, sus reglas y los significados de los términos exigen el reconocimiento de particularidades que ya no son meros regionalismos internos a la geografía española. A una docena de años del Congreso de la lengua Española de Sevilla, organizado en el marco de los cuatro siglos de la llegada de Colón a América, y después de que en 1997 se hiciera el Primer Congreso Internacional de la lengua Española en Zacatecas, México, y del concretado, en 2001, en Valladolid, España, en Rosario se aguarda un debate masivo, con 2.900 inscriptos, sobre el presente y el porvenir de un idioma que Carlos Fuentes caracteriza como "una lengua impura", asentando en su impureza su valor, su tradición, su renovación y comunicabilidad. No hay español puro —y si lo hubiera quizá esa pureza fuera su defecto, su miseria—, y esto sea tal vez lo que permita su enriquecimiento y difusión en el tercer milenio, a la vez que explique las resistencias a un castellano neutro que uniformaría los diversos castellanos, incluido el ibérico.
La influencia de los estudios contemporáneos sobre el lenguaje fueron llevando a una valoración positiva de la diversidad lingüística y, además, a concebir a la propia lengua como no homogénea. Este abordaje ha llevado, como lo explica la lingüista María Elena Rodríguez, a que se admita una mayor variedad en los contenidos de área de lengua que se imparten en las escuelas argentinas. "Aunque permanece —explica Rodríguez, quien además trabaja en el área de contenidos de la Secretaría de Educación de la ciudad de Buenos Aires— la idea y la enseñanza de un dialecto más prestigioso, esto se presenta con un conjunto de variedades, lo cual refleja la diversidad que está presente en la estructura social". Por este motivo, progresivamente pero con más énfasis desde el fin de la última dictadura, se abandonaron las lecturas unilaterales que antaño inculcaban autores españoles y una variedad de castellano uniforme, abriendo las aulas a la literatura latinoamericana. Complementariamente, Beba Guido —autora de libros para la enseñanza de la lengua y profesora de esta materia en diversos magisterios— afirma que, en contra del pasado en el que se enseñaba en base al "tú" —forma que carecía de adhesión entre los hablantes—, "ya la enseñanza de la lengua se basa en la lengua en uso".
Un elemento básico para transmitir el lenguaje a las nuevas generaciones es el libro. Sobre las políticas de edición en un mercado hegemonizado por editoriales provenientes de España, y en relación a los distintos empleos regionales del español, Fernando Esteves, director del Grupo Santillana en el Conosur, que incluye sellos como Aguilar, Taurus y Alfaguara y es una de las principales editoras de manuales escolares, afirmó que "las diferencias que puedan existir entre los distintos usos del castellano no debieran neutralizarse —de hecho no ocurre puesto que cualquier lector español comprende a un escritor argentino o viceversa. Las diferencias y los matices, como todo mestizaje, no empobrecen sino que enriquecen. Ningún editor que conozca recurre a traductores que propongan una utilización aséptica del lenguaje. Cierto lenguaje neutro quizás sea posible en libros técnicos, en literatura es inadmisible". Además, consultado sobre las maneras cómo se produce la globalización de autores en lengua española, señaló que "ésta nada tiene que ver con el castellano que se utilice. La prueba definitiva de ello es que las obras clásicas de la literatura universal han superado todo tipo de mediaciones —traducciones incluidas—, tienen vigencia más allá del tiempo y el lugar en los que han sido escritas".
- Tradición e innovación
Lázaro Carreter enseñaba que "una lengua es el archivo adonde han ido a parar las experiencias, saberes y creencias de una comunidad", aclarando que ese archivo se halla bajo una permanente actividad y hace que palabras y expresiones cambien de sentido, se tornen obsoletas o se extingan, mientras que otras se incorporan. Por esta razón, el idioma es un escenario recorrido por tensiones. En general, los académicos y los diccionarios —que desde el siglo XVIII ganaron en autoridad sobre el idioma y que Internet hoy empuja a redefinir—, persiguen mantener la lengua tal como fue hallada, pero las necesidades expresivas, los desvíos propios de grupos que así adquieren su especificidad y los contactos con otras lenguas, suelen traer cambios, desafiar sonidos y sentidos. Y en tal dialéctica de la continuidad y la renovación persiste el idioma que se encarna en cada uno de nosotros, sus hablantes. En ese movimiento, la socialización lingüística a través de la familia pero también por la escuela y el efecto de los medios de comunicación, deja una marca capaz de enriquecer el universo de sentidos o, por el contrario, de restringirlo. De este modo, y aunque pueda parecer que el Congreso de la Lengua tiene un alto nivel de abstracción y de impersonalidad, sus problemáticas se relacionan con la capacidad de producción de sentidos y de efectos comunicativos de los hablantes del español en un mundo global en el que se extinguen lenguas y hay hegemonías aplastantes, en el cual también existen resistencias, desafíos y, a pesar de todo, el cultivo de las diversidades. Además, el Congreso interviene en un área —la lengua— que produce todo un universo voluminoso de negocios, que van desde la industria editorial y los medios gráficos a la televisión, la música y el cine. En buena medida, la expansión del número de hablantes del español es, correlativamente, el crecimiento de formas simbólicas que también son mercancías y brindan ganancias.El español es signo de identidad para sus hablantes, un idioma de la cultura con una formidable tradición y un horizonte abierto: acercar el ideal de que sus hablantes puedan participar de la madurez y potencia de la lengua.