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Un arquitecto de los despojos
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subir a armonía y música. 
por Daniel Amiano

Músico de culto por excelencia, Tom Waits representa al artista que, incluso, se revela a sí mismo.
Con una obra que ya atraviesa su cuarta década y que evolucionó desde la canción con aires bluseros hasta el minimalismo industrial, pasando por el jazz, el rock experimental, la música de cabaret o la industrial, entre muchas otras variantes, y con una poética que siempre se mantuvo en los márgenes del concepto literario de beatniks como Jack Kerouack o William Burroughs (con quien además trabajó), su obra respira siempre un aire de primitivismo, de gesto gutural.
Retratista de lo mínimo, Waits hurga en personajes de la bohemia a veces
fascinantes, otras miserables (y ambas cosas a la vez).
Un crooner que pasea por el costado bajo de la ciudad para reflejar la vida sórdida y esperanzada de los perdedores.
De hecho, él fue uno de esos seres esperanzados cuando, a comienzos de los años 70, se mudó de San Diego a Los Angeles y dormía en su auto, mientras Herb Cohen, entonces manager de Frank Zappa, le conseguía bares donde presentarse.
Toda esa primera parte tuvo un peso melancólico sobre melodías bluseras y de jazz, con climas muy logrados en los álbumes "Nighthawks at the Dinner" (en vivo, en un bar, ante algunos amigos) o "Small Change", con toques melódicos donde se advierte la influencia de Bob Dylan, uno de sus modelos inmediatos.
Pero hubo una ruptura cuando comenzaban los años 80: dejó el alcohol y conoció a su actual esposa, Kathleen Brennan, hoy su colaboradora en la composición.
Entonces deconstruyó su propuesta y la llevó a una expresión cada vez más pequeña.
Entrados los años 80, con mudanza de sello incluido, Waits cambió la orquestación por un tratamiento más percusivo de los instrumentos, concepto que aún hoy desarrolla con gestos mínimos, y que le permite despojar la canción hasta un límite minimalista, que adquiere un tono más dramático cuando desgrana melodías con su voz áspera, a punto de romperse.
A partir de "Mule Variations" (1999), vuelve a los climas bluseros y jazzísticos, pero para hacer una relectura desde su visión de arquitecto de los despojos.
En su nuevo trabajo, "Real Gone", Waits vuelve a generar climas desde el blues, pero con coloraturas que van desde el hip-hop a los ritmos caribeños, o percusiones vocales grabadas en la intimidad de su propio baño.
Tom Waits es de esos creadores inclasificables, que hacen de su obra una posibilidad cierta de abrirse a otras experiencias sonoras.
Una prueba que le exige al oyente que se entregue sin condicionamientos ni expectativas, y que siempre resulta sorprendente.