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Desde mi cielo
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Por Martín Pérez

Entre diciembre de 1992 y marzo de 1993, Kurt Cobain se entrevistó con el periodista Michael Azerrad para Come as you are, la biografía de Nirvana. Las charlas se llevaron a cabo entre la medianoche y el amanecer, en su casa de Seattle. Un año después del último encuentro, Cobain se suicidó. Ahora la grabación de esa charla es la base de la película About A Son, una suerte de testamento hablado donde el cantante y compositor habla candorosamente de temas que antes rara vez había tratado. Una semana después de la fecha en que Cobain hubiera cumplido 40 años y antes de su estreno en el Festival de Cine de Mar del Plata, Radar anticipa sus momentos más reveladores.

La infancia de Kurt

Siempre quise
creer que era un extraterrestre. Cuando era chico, me gustaba pensar que había sido adoptado por mi madre porque me habían encontrado y mi nave espacial me había abandonado. Tenía muchas ganas de ser de otro planeta. Cada noche hablaba con mis verdaderos padres y mi verdadera familia, que estaban en los cielos. Y sabía que había miles de otros bebés alienígenas abandonados por todas partes y que yo conocería a unos cuantos. Siempre me gustó jugar con esto, en mi cabeza. Es muy divertido. Siento que extraño mi hogar todo el tiempo, y lo mismo les ocurre a los otros extraterrestres. Sólo tengo una oportunidad de encontrarme con un puñado de los otros extraterrestres durante el resto de mi vida. Eventualmente, algún día, descubriremos qué se supone que tenemos que hacer.
Hasta los ocho años tuve una infancia extremadamente feliz. Realmente buena, con una madre muy cariñosa, que me apoyaba totalmente para dedicarme al arte. Yo me la pasaba dibujando y leyendo, y ella me apoyaba en serio. Estaba totalmente enfocado, sabía exactamente lo que iba a hacer y nada podía detenerme. Sabía que podía hacer lo que quisiera porque el mundo era pequeño y las cosas estaban servidas para mí, y no tenía ningún problema. No había obstáculos en esa época de mi vida.
Nunca fui realmente un mal chico. Hacía algunas cosas, como agarrar una lata de 7-Up y llenarla de piedras, pararme atrás de una cerca y lanzarla contra los autos. Y también tenía un problema con los policías. Tomaba esas latas y las lanzaba contra los patrulleros cada vez que los veía. Y cada vez que veía a un policía empezaba a cantarles, señalándolos y diciéndoles que eran el Mal.
Mi tía Mary es alguien a quien uno llamaría “una aspirante a música”. Estaba en un montón de bandas de bares en Aberdeen. Ella fue la persona que más me ayudó en mi vida en lo que respecta a la música, porque me regaló una guitarra eléctrica hawaiana y un amplificador cuando tenía unos 8 años, y fue quien me dio los discos de los Beatles. Y también un tambor que yo me colgaba e iba caminando por ahí con un gorro a lo Elmer Fudd y las zapatillas de mi papá, batiendo el parche por el barrio, cantando canciones de los Beatles.
Cuando era muy chico estaba seguro de que podía ser una estrella de rock. El mundo estaba en mis manos, podía hacer lo que quisiera. Sabía que podía ser presidente si quería, pero ésa era una idea estúpida porque prefería ser una estrella de rock. No entendía el medio que me rodeaba, lo que se venía, el tipo de alienación que iba a sentir en mi adolescencia, porque creía que Aberdeen era una ciudad como cualquier otra en los EE.UU., creía que eran todas iguales: que todos se llevaban bien y que no existía la violencia y que sería realmente fácil. Y creía que los EE.UU. eran tan grandes como el jardín de mi casa, así que no sería problema viajar por todas partes y tocar en una banda de rock y salir en las tapas de las revistas. Pero a los 9 años empecé a convertirme en un maníaco depresivo, y dejé de ver el asunto de esa manera.
Siempre sentí que mi generación fue la última generación inocente, cuando había una televisión que no era violenta. No teníamos cable; teníamos Plaza Sésamo y Meteoro, y eso era todo. Todo era básico y casi medieval comparado con lo que es ahora. Los chicos son tan avanzados, y para colmo se espera de ellos que lo sean aún más.

Mi vida como hijo
De chico me pegaban todo el tiempo. En situaciones sociales, en restaurantes o lugares por el estilo, si derramaba un vaso de agua o algo así, mi papá me sostenía la cabeza y me clavaba los nudillos en la frente o me abofeteaba. Nunca entendí eso: por qué un padre podía sentirse tan avergonzado o intimidado por lo que otra gente pudiera pensar si su hijo tiraba algo por accidente, como para tener que castigarlo. Es un extraño truco psicológico para hacerle a un chico, porque yo todavía me insulto por tirar las cosas por accidente. Realmente me enojo conmigo mismo porque me condicionaron para no hacerlo. No tener accidentes, no cometer errores humanos, todo debe ser perfecto todo el tiempo. Lo odio por eso. Trabajaba en el aserradero de los hermanos Mayer. Así que, básicamente, se la pasaba caminando todo el día y contaba troncos. Su idea de un día juntos entre padre e hijo era llevarme al trabajo los sábados y domingos para que me sentara en su oficina mientras él iba y contaba troncos. Un fin de semana de verdad excitante. Yo dibujaba y hacía llamadas telefónicas en broma. Y luego me metía en el galpón donde guardaban las 2x4 y jugaba a que era perseguido o que perseguía a ladrones y policías, o a que era Superman o algún otro superhéroe. No pasaba nada mucho más divertido que eso. Más tarde me echaba una siesta en la camioneta y escuchaba News of the World, de Queen una y otra vez, hasta agotar las baterías de la camioneta. Y entonces nos quedábamos por el camino al volver del trabajo, porque yo había escuchado demasiado a Queen.
Nunca sentí que tuviera un padre. Nunca tuve una figura paterna con la que pudiera compartir cosas. Y es difícil recordar nada hasta los siete años de edad, y ésa fue la época en la que de verdad viví con él y él fue mi padre y yo tuve una madre y un padre. Después mis padres se divorciaron. Entonces viví con él por poco tiempo y luego él se casó, y pasé a ser una de las cosas de menor importancia en su lista. Si fuera yo, si estuviera en esa situación con Courtney y Frances, haría lo que fuera para tratar de estar en contacto con Frances, tener una relación con ella y compartir cosas. El simplemente desistió. Sólo quiero que sepa que ya no tengo nada contra él. Pero no quiero hablarle porque no tengo nada que compartir con él. Estoy seguro de que eso probablemente lo decepcionaría, pero así son las cosas.

Historia de mi dolor
Durante una clase de educación física en octavo grado, estaba saltando la soga y de golpe mi espalda se venció. Tuve que ir al hospital porque no podía respirar. Se sentía como si se hubiera roto, pero se había desplazado un disco. Fui a un quiropráctico esa semana, y descubrieron que tenía escoliosis. Y se suponía que tenía que usar una faja, pero yo no quería. Resulta que tocar la guitarra había contribuido a la acentuación de mi escoliosis. De hecho ayudó a curvarla más porque el peso de la guitarra empujando sobre el costado izquierdo me hacía doblarme, así que estoy todavía más deforme. Siempre tuve algún dolor. Probablemente decidí intercambiar psicológicamente mi dolor vertebral por el de estómago. Una vez que mi estómago empezó, fue tanto más intenso que el de mi columna que no he pensado en ella por mucho tiempo.

El odio
En la escuela era una mezcla: por un lado odiaba a la gente por no estar a la altura de mis expectativas, y a la vez estaba harto de estar siempre con el mismo tipo de idiotas. Todos eran como una copia carbónica de los otros. Era muy obvio que no lo toleraba, en mi rostro y en cómo reaccionaba hacia la gente. Sentía una venganza personal contra ellos, porque eran tan machos y masculinos y estúpidos. Había bastante consenso entre quienes me conocían: o bien no los podía tolerar, o estaba de muy mal humor todo el tiempo. Así que empecé a sentirme realmente neurótico, casi paranoico, en cierto sentido. Porque ellos sabían que me iba a volver loco en cualquier momento. Pensaban en mí como el chico que tenía más posibilidades de tener éxito en traer una AK-47 a la escuela y reventar a todo el mundo. Quería encajar en algún lugar, pero no con el chico común y corriente, no con los chicos populares del colegio. Quería encajar con los genios, pero los genios eran de segunda en Aberdeen. No eran el tipo de chico que escucha Devo. Simplemente eran deformes. Por suerte encontré un amigo gay que básicamente me salvó de querer matarme la mitad del tiempo. Aparentemente todo el mundo en la escuela sabía que era gay y no se molestaron en decírmelo. O yo no me molesté en notarlo hasta que él decidió tirarse un lance conmigo una noche y yo le dije que no era gay, pero que de todas maneras sería su amigo. Después de eso, empecé a darme cuenta de que la gente me miraba de una manera más peculiar que de costumbre. Alguna gente empezó a molestarme, especialmente en la clase de gimnasia. Se sentían amenazados porque estaban desnudos y yo era supuestamente gay. Así que, o bien se cubrían los penes o me golpeaban. O ambas cosas. Y luego empecé a sentirme orgulloso del hecho de que era gay, aunque no lo fuera. Realmente disfrutaba del conflicto. Era divertido, porque casi encontré mi identidad.

Fumando orégano
Una vez mi mamá supo que yo estaba fumando porro e intentó varios ángulos psicológicos para detenerme. Ella tenía algo de marihuana en un cajón, que yo le sacaba todo el tiempo. Quitaba un poco por vez y lo reemplazaba por orégano. Eventualmente tuvo una bolsa llena de orégano en su cajón de las joyas y una noche me ofreció venir con mi amigo Myer a fumar un poco con ella. Sabía que era orégano, pero nosotros no sabíamos que ella lo sabía. Así que tuvimos que sentarnos ahí y fumar orégano con ella. Pero nunca nos drogamos juntos. No éramos compañeros de porro ni nada por el estilo.

Seattle, el under y lo masivo
Krist y yo nos habíamos construido este odio imaginario por Seattle y por cualquiera que viniera de Seattle, sólo porque siempre tuvimos la necesidad de no pertenecer. Hablábamos de Seattle todo el tiempo, y siempre decíamos cosas horribles. La gente nos trataba muy bien. Pero, en la época, nosotros no estábamos dispuestos a admitirlo.
Cuando vivía en Olympia, me echaron encima toda la filosofía bohemia de la revolución musical por tantos años que empezó a molestarme. Simplemente quisiera que la gente no se lo tomara tan en serio. Todos parecen estar buscando una utopía en la escena under, pero hay tantas facciones diferentes. Quiero decir, si no podés conseguir un puto movimiento under con el cual puedas unirte y dejarte de joder sobre cosas pequeñas e innecesarias con las que no conseguís ponerte de acuerdo, entonces, ¿cómo carajo esperás tener efecto a nivel masivo? Mi banda estaba en una situación en la que se esperaba que peleara en un sentido revolucionario, contra la máquina corporativa. Y yo tan sólo pensaba: ¿cómo te atrevés a ponerme ese tipo de presión encima?

El estómago
Mi estómago se quejaba mucho. Empezó durante una gira nacional. Me ardía, estaba nauseabundo, como la peor fiebre estomacal imaginable. Simplemente duele. Puedo sentir cómo late, como si tuviera un corazón en el estómago, y duele mucho. Podés sentirlo como si fuera todo rojo y crudo. Puedo terminar la mitad de una comida, pero cuando llega a cierta zona, justo ahí donde está inflamado y rojo, empieza a doler porque los alimentos se asientan allí, y quema. Me las he arreglado para seguir adelante. Quiero decir, hubo muchas veces en las que estaba ahí sentado comiendo y con un terrible dolor y nadie se dio cuenta, porque yo ya estaba tan cansado de quejarme. Durante las giras duele tan a menudo que no me queda otra que seguir con lo mío. Y nadie se da cuenta del terrible dolor que estoy sufriendo. Recuerdo haber dicho, a mitad de la gira europea, que no iba a salir de gira nunca más hasta que me arreglaran esto porque me quería matar. Quería volarme la cabeza, estaba tan cansado. No pienso vivir así de ninguna manera. Me convertía en un loco neurótico. Estaba psicológicamente arruinado. Estaba teniendo muchos problemas mentales por sufrir un dolor crónico absolutamente todos los días. Pero no he tenido problemas de estómago desde que empecé a tomar drogas.

Cuando Kurt conoció a Courtney
La conocí bastante tiempo atrás en Portland, mientras tocábamos. Pero fue un breve encuentro. Le di un autoadhesivo. Estuvimos hablando un poco. Yo pensé que ella era como Nancy Spungen o algo así. No lo sé. Simplemente se le parecía. Parecía una clásica chica punk. Me sentí algo atraído hacia ella. Probablemente quería cogérmela esa noche, pero se fue. Sólo quería agregar algo de emoción a mi vida, y nunca había conocido a nadie tan extrovertido y carismático. Ella parece ser un imán para que ocurran cosas emocionantes. Si simplemente estamos caminando juntos, alguien intentará atacarnos con un cuchillo sin ninguna razón, tan sólo porque Courtney es ese tipo de persona que atrae cosas así. Me sentía como un rebelde porque estaba saliendo con Courtney y estábamos tomando drogas y cogiendo contra la pared en la calle, armando escenas porque sí, porque todo el mundo estaba sentado a la mesa, comiendo y sin divertirse para nada. Era tan bueno hacer este papel, de alguien que se levantaba de golpe y estrellaba un vaso contra la mesa y me gritaba y me arrojaba al piso. Realmente divertido.

Las regalías

En cuanto empezamos a ganar dinero, me di cuenta de cuántas presiones más se ponían sobre mí y cuánto me merecía un poco más porque soy el vocalista principal, y todos esos perfiles que se escriben sobre mí, y toda esa presión que tengo que aguantar. Más la de tener que escribir las canciones. Y no me importa si alguien más recibe el crédito por eso, pero al menos quiero ser compensado financieramente. Pero Dave (Grohl) y Krist (Novoselic) sinceramente sentían que se merecían tanto crédito por escribir las canciones como yo. Y eso es una mentira absoluta. Yo ya estaba listo para dejar la banda por eso. No podía creerlo. La mitad del tiempo soy un boludo nihilista, a veces soy sarcástico y en otras ocasiones soy muy vulnerable y muy sincero. Y es así en buena medida cómo sale cada canción. Es una mezcla de esas cosas. Y así es la mayoría de la gente de mi edad. Son sarcásticos un minuto, y al siguiente son sensibles.

Frances y la señal del Diablo
Oh Dios, fue increíble. No era tan sólo una foto; era un video, así que podía verla moviéndose. Fue la primera vez que me di cuenta de que era una cosa viviente. Realmente asombroso. Podías ver su corazón latiendo. Y lo primero que hizo con sus manos fue como el saludo a Satán del heavy metal. El pediatra lo señaló: “Miren el pequeño gesto que está haciendo con la mano”. Y Courtney y yo lo vimos y le dijimos: “Esa es la señal del Diablo, doctor”.
Algunos días me siento más paranoico de lo normal. Desde que nació Frances, la mayor parte de eso se me ha ido. Se volvió más y más fácil con los años, ya que desarrollé relaciones sinceras con amigos. De hecho tengo algunos amigos verdaderos y la banda se está volviendo más popular, y encontrar a alguien a quien amo hizo desaparecer muchas de aquellas sensaciones. Es de verdad emocionante porque Courtney es lo que siempre quise. La compañera ideal. Es mejor para mí, porque en este momento estoy en una mejor posición que ella. Es muy difícil para ella tener suficiente fe en ella misma porque su personaje ha sido muy maltratado. Su banda es juzgada todo el tiempo y ella debe sacar un álbum que es absolutamente asombroso sólo para ser considerada semibuena. Yo creo que sus canciones son muy buenas. Pero es muy difícil convencerla de que es siquiera un poco buena.

Los ataques de la prensa
Todo el tiempo pienso en separar la banda, debido al éxito. Este año dejé Nirvana diez veces. Oficialmente. Ha llegado al punto en que la banda ya no me importa lo suficiente como para dejar que nos siga afectando de esta manera. Por otro lado, los ataques son todos sobre Courtney y sobre mí. Krist y Dave no tienen que lidiar con esto. La otra vez Krist leyó en Melody Maker que iba a hacer una lectura de poesía en Inglaterra, cosa que era falsa, y se volvió loco. “¿Cómo se les ocurre hacer esto?” Y yo le dije: “Por Dios, Krist, por lo menos no están diciendo que sos adicto a la heroína y que estás matando a tu hijo y dejándolo en un taxi”. La gente nos ataca todo el tiempo. Quieren mugre y mienten sobre nosotros; yo no lo entiendo. Nunca intenté hacer nada escandaloso en mi vida. No puedo evitar querer matarlos a golpes. Creo firmemente en la venganza. Creo que hay un lugar y un momento para la violencia en cada situación. Obviamente tengo mucho que perder en este momento, así que no voy a poder hacerlo, pero tengo todo el resto de mi vida. No me gusta que la gente se meta con mi familia. Si alguna vez pierdo a mi familia, los voy a matar a golpes. No voy a dudar en vengarme de la gente que se metió conmigo, siempre he sido capaz de eso. Pero va a llegar un momento en que ya no voy a poder seguir lidiando con eso, cuando mi hija sea suficientemente grande como para darse cuenta de lo que está pasando. Cuando tenga doce y lea todos estos artículos viejos en la prensa y empiece a preguntar: “Ey, ¿realmente se drogaban cuando yo era un bebé?”. No me puedo ver peleando esta misma estúpida pelea dentro de diez años. Para entonces, espero estar sacando mis discos por mi cuenta, bajo otro nombre o algo así.

Nirvana
El momento más emocionante para una banda es justo antes de volverse verdaderamente popular. Me encantaría estar en bandas que hacen eso una vez cada dos años. Los mejores momentos de nuestra banda fueron justo antes de que saliera Nevermind. Sin elegirlo, se ha vuelto un trabajo, me guste o no. Es algo que me encanta hacer y querría hacer siempre, pero debo ser honesto: ya no lo disfruto tanto como cuando practicaba todas las noches, imaginándome cómo sería. Ya no es para nada como esos dos primeros años en los que tocábamos enfrente de unas pocas personas. Y cargábamos la camioneta e íbamos a un show a tocar de verdad.
No sé si Nirvana llegará a la próxima década. No quiero que ocurra, pero podría suceder. Todo depende de cuán buenas sean las canciones. Ultimamente me sorprende encontrarnos trabajando juntos con tanta unidad. Escribimos una canción juntos y resultó bastante buena. Eso no había pasado casi nunca. Casi siempre dependió de mí. Pero no sé cuánto más puedo hacer con Dave y Krist y el sonido de mi guitarra y mi voz. Me gustaría tocar con otra gente, pero es casi imposible encontrar gente con la que te puedas llevar bien y que piense al mismo nivel que vos musicalmente. Por eso es tan fácil tocar canciones con Courtney. Cada vez que improvisamos algo, escribimos una gran canción. Porque es una persona que toma las riendas y no tiene miedo de liderar. Y cuando juntás a dos líderes, funciona muy bien. Me encantaría poder tocar con otra gente y crear algo nuevo. Preferiría eso a quedarme en Nirvana.

La muerte del rock
Es triste pensar cómo va a ser el estado del rock & roll de acá a veinte años. Parece que cuando el rock & roll haya muerto, el mundo entero va a explotar. Ya ha sido tan reproducido y tan plagiado que apenas sigue vivo. Es desagradable. A los chicos ni siquiera les importa el rock & roll tanto como antes, como a las generaciones previas. Se ha convertido en nada más que una declaración de moda y en una identidad para que lo usen como una herramienta para coger y para tener una vida social. No veo que la música tenga ninguna importancia para un adolescente, la verdad. Creo que van a usar los sonidos y los tonos en su máquina de realidad virtual y que los van a escuchar así nomás y sacar las mismas emociones de allí y luego se irán a una fiesta. Habrá una máquina de realidad virtual con un montón de auriculares y si querés hablar con la gente y escuchar la música virtual, podés hacerlo e ir a una habitación y coger y beber; creo de hecho que las máquinas de realidad virtual te van a drogar. Así de buena va a ser la tecnología. Y va a haber drogadictos de realidad virtual, y los van a encontrar muertos en sus sillones, de sobredosis.

La muerte
He pensado en la muerte toda mi vida, como cualquier persona normal. Pensé en matarme por mi dolor de estómago y no me importaba un carajo si me moría o no. Y si me iba a volar la cabeza con un revólver, bien podía tomar el riesgo de morir de sobredosis. Mi historia no es triste. Pero no hay nada sorprendente ni nuevo ella, eso seguro. Soy producto de una Norteamérica arruinada. Sé que hay cosas
mucho peores que un divorcio. Sólo me he estado deprimiendo y retorciendo de dolor de estómago por demasiado tiempo por algo que no pude tener, una sólida unidad familiar. Por encima de todo es triste que dos personas que eligen casarse y tener hijos no puedan al menos llevarse bien. Me sorprende que gente que cree estar mutuamente enamorada no pueda siquiera hacer de cuenta, o tener la cortesía suficiente para con sus hijos, de hablar civilizadamente cuando se encuentran una vez cada tanto para pasar a buscar a los chicos. Eso es triste, pero no es mi historia. Es tan mía como de cualquier otro.

¿Sos un marciano?
Me gustaría creer que lo soy.

Ausente con aviso
Cuando veinte años atrás se estrenó el documental Imagine, esa delicada pieza de fanatismo firmada por Andrew Solt, lo que más impresionó a sus espectadores fue que era la propia voz de John Lennon la que los guiaba a través de los pliegues de su vida. Tomada de cientos de grabaciones y reportajes, la voz era la que narraba todos y cada uno de los momentos que lo elevaban casi hasta la santidad rocker.
Lo mismo sucede con About a Son, el flamante documental sobre la vida de Kurt Cobain, basado en 25 horas de entrevistas que el periodista Michael Azerrad mantuvo con él en su casa de Seattle para poder escribir su libro Come as you are, lo más cercano a una biografía oficial que tuvo Nirvana durante su existencia.
Pero mientras Imagine utilizaba imágenes del vasto archivo de Los Beatles, Lennon y Yoko Ono, el camino elegido para About a Son es su perfecto opuesto. Su director A.J. Schnack, con Azerrad como productor, decidió evitar las imágenes de Cobain y su banda, así como su música.
Por eso es que, si Imagine es un documental sobre la presencia de John Lennon, About a Son trata de la ausencia de Kurt Cobain. Una ausencia que se podría decir que comenzó desde el mismo día en que Nirvana salió del anonimato para cambiar —por un rato, al menos— el negocio de la música, y encarnar a esos desconocidos que literalmente destronaron a Michael Jackson del Nº 1 en ventas.
Si el culto a la personalidad le hizo olvidar a más de uno todo lo que significó John Lennon musicalmente para más de una generación, la carencia del mismo en el caso de Kurt siempre permitió que la música hablase por sí sola, pero sólo para quienes pudiesen escucharla. Para los demás, Cobain siempre fue un enigma.
Un fantasma convocado por About a Son, una película en la que su voz cuenta una historia, la suya, la de un chico solo en el mundo salvo por la música, y que descubre su propio camino simplemente andando. Con bellos paisajes y anónimas imágenes de la vida cotidiana filmadas en las tres ciudades donde Cobain desarrolló su vida fuera de la carretera —Aberdeen, Olympia y Seattle—, es la voz de Cobain la que recuerda que ningún padre debería abandonar a sus hijos, aquel invierno que pasó durmiendo bajo un puente, que siempre quiso que una banda tuviese éxito comercial, o cómo se pasó la vida pensando en pegarse un tiro por ese permanente dolor estomacal que sólo le quitaron las drogas.
Apenas si se cuelan en ese extraño limbo cinematográfico algunas otras voces: la de Azerrad preguntando, la de su compañero de banda Krist Novoselic y la de su mujer Courtney llamándolo desde la otra pieza. El final llega cuando Kurt y Azerrad se despiden al final de un llamado telefónico y lo que queda es una sensación de tristeza, la misma que comunican esas fotos de Cobain —las únicas en toda la película, que aparecen cuando ya se ha despedido— en las que se lo puede ver como un niño abandonado.
Y también queda la música, que lo acompañó toda su vida, como parte de una banda de sonido —además de la música instrumental compuesta especialmente por Ben Gibbard (Death Cad for Cutie) y Steve Fisk (productor de Sub Pop)— que incluye a sus favoritos, desde Queen hasta David Bowie, pasando por Leadbelly, Melvins, Bad Brains, Iggy Pop, R.E.M. y tantos otros. “Siempre pensé que cuando el rock desapareciese, el mundo iba a explotar”, dice Cobain en la película.
Y cuando el rock dejó de importar en su vida, su mundo explotó.
Su voz sigue sonando.