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por Robbyn Swan y Anthony Summers

Era siciliano (aunque lo negaba). Nació en el pueblo que más mafiosos dio al mundo. Compareció ante un tribunal por sus supuestas conexiones con el crimen organizado. Entabló demandas contra los medios. Utilizó amenazas de muerte para conseguir papeles en el cine. Y hasta viajó a la orgiástica Habana de Batista mientras en América los gangsters de Lucky Luciano asesinaban a Bugsy Siegel y se re-fundaba Las Vegas tal como la conocemos. ¿Don Corleone? No, Frank Sinatra. La flamante biografía Sinatra: The Life, que el matrimonio de Anthony Summers y Robbyn Swan acaba de publicar en Estados Unidos, exhuma la tan sospechada como negada relación de La Voz con la mafia.

"...Io sono siciliano..."

A los 71 años, en el verano de 1987, Frank Sinatra cantó en la tierra de sus padres. “Aprecio mucho que hayan venido esta noche”, le dijo a una extasiada audiencia en el estadio Favorita de Palermo. “Hacía mucho que no volvía a Italia. Estoy maravillado.”
El abuelo paterno de Sinatra creció en Sicilia, pero la historia más pretérita de la familia en la isla ha permanecido en la oscuridad. El obituario de su abuelo, que apareció en el New York Times gracias a la fama de su nieto, sólo decía que había nacido en Italia en 1884 (aunque su certificado de defunción norteamericano indicaba una fecha de nacimiento muy anterior: 1866). Dos veces, en 1964 y en 1987, Frank Sinatra le dijo al público que su familia venía de Catania, en el este de Sicilia. Su hija Nancy, que consultó largamente a su padre cuando estaba trabajando en sus dos biografías, escribió que su bisabuelo había nacido y crecido en Agrigento, en el sudoeste de la isla. Su nombre, según Nancy, era John.
De hecho, el abuelo de Sinatra no era de Catania ni de Agrigento: había nacido
mucho antes de las fechas previamente mencionadas y su nombre no era John ni Gianni sino Francesco, Frank en inglés. Kathy Kirkpatrick, genealogista especializada en el estudio de los archivos sicilianos, participó de la investigación que llevó a este descubrimiento, y está de acuerdo con nuestros propios hallazgos.
Actas de bautismo y casamiento, datos del Servicio de Inmigración norteamericano, censos y entrevistas con nietos sobrevivientes determinan que Francesco Sinatra nació en 1857 en Lercara Friddi, un pueblo de unos diez mil habitantes en las colinas del nordeste de Sicilia. Queda a 15 millas de Corleone, un nombre que se hizo famoso gracias a El Padrino, y en la vida real una comunidad conocida como la mayor productora de futuros mafiosos norteamericanos de toda Sicilia. Pero el pueblo que produjo los mafiosos más notorios del siglo XX fue Lercara Friddi. Lucky Luciano, a quien uno de sus abogados llamó sencillamente “el fundador de la mafia moderna”, nació en el pueblo de Francesco Sinatra.
Luciano, cuyo verdadero nombre era Salvatore Lucania, nació en Lercara Friddi en 1897. Sus padres se casaron dos años después que Francesco Sinatra y su novia, Rosa Saglimbeni, en la misma iglesia, Santa Maria Della Neve. Luciano fue bautizado allí, así como los dos primeros hijos de Francesco.
Durante todos los años en que se especuló sobre los lazos de Sinatra con la mafia, esta coincidencia de origen había pasado inadvertida. Nuevas informaciones indican que los Sinatra y los Lucania se conocían. Las dos familias vivían en la misma calle, via Margherita di Savoia, en la misma época. La agenda de Luciano, decomisada por las autoridades cuando murió, en 1962, y accesible hoy en los archivos del Departamento Federal de Narcóticos de EE.UU., contiene tres entradas de personas que habían vivido en Lercara Friddi: dos miembros de su familia y un hombre llamado Saglimbeni, pariente de la esposa de Francesco Sinatra.
Frank Sinatra podría haberse enterado por cualquiera de sus numerosos parientes de que su familia y Luciano venían del mismo pueblo. Ciertamente debió conocer el nombre del pueblo por Francesco, el abuelo a quien cariñosamente recordaba como Pops (“Nono” en inglés), que vivió con la familia de Frank después de enviudar y con frecuencia cuidaba de su nieto cuando los padres del chico salían.
Francesco vivió hasta los 91 años, tiempo suficiente para ver convertirse a Luciano en un famoso delincuente y a su nieto en una celebridad internacional. Sinatra solía decir que tenía una relación muy cercana con su abuelo. Hacia el final de su vida reconoció que había intentado investigar sus lazos sicilianos, pero embarró las aguas históricas sugiriendo que sus parientes venían de pueblos ubicados lejos de LercaraFriddi. El motivo pudo haber sido la relación que su familia tuvo con el contrabando durante su niñez y, sobre todo, su larga e íntima relación con Luciano.
Frank creció en Hoboken, Nueva Jersey, donde sus padres, Marty y Dolly, tenían una taberna durante la Ley Seca. Los Sinatra necesitaban alcohol para el bar, y necesitaban la protección que sólo los gangsters podían suministrar. La Ley Seca significó una era de bonanza para los mafiosos italianos y judíos que eventualmente sumaron fuerzas y controlaron el crimen organizado en los Estados Unidos. Los primeros mafiosos ganaban fortunas y libraban batallas sangrientas por el territorio: Meyer Lansky, Bugsy Siegel, Joe Adonis, Johnny Torrio, Longy Zwillman, Willie Moretti, Waxey Gordon, Dutch Schultz, Frank Costello y Lucky Luciano.
Los gangsters eran excepcionalmente activos en Nueva Jersey. Los muelles de Hoboken era un punto de tránsito central para los cargamentos de alcohol, y Marty Sinatra fue uno de los italianos locales que se metió en el asunto. “Ayudaba en el contrabando”, admitió su hijo, años después. “Su trabajo era seguir a los camiones que transportaban el alcohol para que no los interceptaran. Recuerdo que en el medio de la noche –yo tenía sólo tres o cuatro años– escuché sollozos y gemidos... Creo que mi padre era un poco lento y fue golpeado en la cabeza. Llegó a casa y sangró por toda la cocina.”
Frank dijo que su padre trabajaba para uno de los “tipos duros” de la época, pero nunca especificó para cuál. En 1995, su hija Nancy escribió que sus abuelos se habían visto obligados a relacionarse con grandes criminales. Uno de ellos, especificó, era el contrabandista Waxey Gordon, que, como se sabe, hacía negocios con Luciano. En Hoboken se decía que Gordon era un habitué del bar de los Sinatra.
Dolly Sinatra –madre del cantante– tenía muy buena relación con sus hermanos Dominick y Lawrence, y ambos tuvieron problemas serios durante la Ley Seca. El prontuario de Lawrence comenzó con un arresto por vender alcohol a soldados. En 1921, cuando tenía 21 años, estaba libre bajo fianza, acusado de haber asesinado a un chofer de American Express; además, la policía lo buscaba por su conexión con dos estafas en Nueva Jersey y otro asesinato. En 1922 fue arrestado por un tiroteo donde cayó muerto un policía. Antes de morir, el oficial indicó que su asesino había sido un conocido socio de Waxey Gordon.
Cuando Lawrence fue a juicio por el caso del chofer y fue encontrado culpable, Dolly apareció en la corte fingiendo ser su esposa. Más tarde visitó a Lawrence en prisión con regularidad y, cuando lo liberaron, se lo llevó a su casa. Vivió con los Sinatra durante varios años, y Frank lo adoraba.
Cerca de los Sinatra, sobre la calle Monroe, durante la Ley Seca, vivía una familia llamada Fischetti, y uno de los chicos era muy amigo de Frank. De acuerdo con la policía, había miembros de la familia que eran camioneros relacionados con el crimen organizado y estaban en contacto con los tres notorios hermanos Fischetti, a su vez asociados con Al Capone, de Chicago, y con Lucky Luciano. Los hermanos Rocco, Charlie y Joseph vivían en el área de Nueva York antes de mudarse al Medioeste.
Vincent “Jimmy Blue Eyes” Alo, la mano derecha de Meyer Lansky, conservaba una foto de Marty y Dolly Sinatra en la mesa ratona de su living mucho después de que ambos murieran. “Conozco a Frank Sinatra desde que era un chico”, solía decir cuando era viejo. “Ese falso bastardo siempre quiso ser un gangster.”
“¿Si conocí a esos tipos?”, dijo Frank al final de su vida, refiriéndose a la mafia. “Seguro, conocí a algunos. Pasé mucho tiempo trabajando en tabernas. Y los dueños de las tabernas no son las Carmelitas.” Durantecasi cuatro décadas, varios comités parlamentarios y cuerpos estatales intentaron interrogar a Sinatra sobre sus conexiones con la mafia. Cuando lo forzaron a testificar, fue a menudo truculento y siempre evasivo. “Entregarse a los muchachos era una cuestión seria”, recuerda el cantante Mel Tormé. “Su poder en el terreno del entretenimiento era indiscutible. Pero el precio que un artista debía pagar, sin embargo, era ciertamente inaceptable.” Advertido de que los mafiosos iban a arruinar literalmente su vida, Tormé se las arregló para trabajar sin ellos.
Otros artistas cercanos a Frank fueron manipulados por gangsters. El comediante Jimmy Durante tenía el tipo duro de los bajos fondos, como su manager, consiguió entrar en un show de Broadway gracias a Waxey Gordon y contaba entre sus amigos a Bugsy Siegel. Lo mismo sucedía con el actor George Raft, que tenía al alcance de la mano toda la información necesaria para componer los papeles de gangster que le tocó interpretar: comenzó su carrera como un pequeño delincuente, manejando camiones cargados de armas y alcohol, y haciendo repartos para Dutch Schultz. Joe E. Lewis, recordado como un comediante, también era un buen tenor hasta que desafió a los dueños del club Green Mill en Chicago, a quienes abandonó para actuar en un club rival. Lo golpearon y le cortaron la cara y la garganta con un cuchillo de caza. Así terminaron sus días como cantante.
Hacia fines de los años ‘30, había cerca de 200 mil jukeboxes en bares y tabernas de todo el país. Representaban una industria multimillonaria dominada por gangsters. Los criminales controlaban qué discos se pasaban y, así, cuáles eran las canciones que llegaban a las listas de éxitos.
Cinco años después del fin de la Ley Seca, los jefes de la mafia tenían los garfios en cada faceta de la industria musical, así como en las agencias teatrales y los estudios de Hollywood. Su operatoria era de hecho el crimen organizado, con un liderazgo disciplinado y reglas claras en todo el país. El líder reconocido de esta red criminal, que tenía un interés personal en el mundo del entretenimiento, era Lucky Luciano.
Tres décadas después de que sus padres, muy pobres, lo trajeran del pueblo siciliano Lercara Friddi, Luciano era riquísimo y tenía un poder sin precedentes. Sus comienzos, sin embargo, no habían sido auspiciosos. De niño fue ladrón de comercios, y a los 18 años fue encarcelado por tenencia de drogas. Fue arrestado en Nueva Jersey por portar armas; también hubo cargos por robo a mano armada y juego de los que pudo escapar con una fianza.
De acuerdo con sus biógrafos, Luciano pasó de propinar golpizas a cometer no menos de veinte asesinatos, y de ahí a controlar el tráfico de drogas. Uno de sus abogados lo consideraba “sádico”. Otros lo describían como “rapaz, salvaje, cruel”. Hacia 1928 ya no cometía actos violentos en persona; prefería ordenar las matanzas a otros.
En los tres años que siguieron, el asesinato de un trío de grandes criminales marcó el fin de la “vieja mafia”. Luciano, envuelto al menos en dos de ellos, emergió a los 34 años como la cabeza de un nuevo sindicato nacional del crimen.
El rostro que le mostró al mundo en la primera mitad de los años ‘30 fue el de un rico hombre de negocios. Vivía a lo grande en las Waldford Towers de Nueva York, y de noche iba a los restoranes y bares que controlaba. Durante era su compañero de mesa; Lewis y Raft, sus amigos. Invirtió en musicales de Broadway y, para extender su imperio a Hollywood, jugó un papel central en el establecimiento del control mafioso de los sindicatos de empleados teatrales.
En 1936 se lo declaró el Enemigo Público Nº 1 de Nueva York y fue arrestado y sentenciado a prisión por controlar una cadena de burdeles. Detrás de las rejas, sin embargo, siguió siendo uno de los más brillantesejecutivos criminales de la era moderna. Sus socios mafiosos nunca perdieron contacto con él.
Entre esos cómplices se encontraban Frank Costello y Willie Moretti. Moretti idolatraba a Luciano y era su socio más fiel; sus vecinos de Nueva Jersey lo consideraban un buen hombre de familia, un benefactor y un feligrés disciplinado, pero era un asesino brutal. Costello, en Nueva York, era un sagaz consejero de socios criminales y un efectivo corruptor de oficiales públicos. También era un asesino.
Moretti controlaba los casinos y clubes nocturnos de Nueva Jersey. The Riviera, cerca del puente Washington, era su local más importante. Era famoso por su club nocturno, que tenía una terraza donde las parejas podían bailar bajo la luz de la luna, y por su célebre Marine Room, donde se jugaba ilegalmente. El joven Sinatra solía parar allí cuando volvía a casa después de cantar en el Rustic Cabine, un restorán cercano.
El territorio de Costello era Manhattan y, como Luciano, tenía grandes intereses en el mundo del espectáculo. Era testaferro del night-club Copacabana y tenía intereses en el Tropicana de Las Vegas. Se hizo amigo y contrató a Joe E. Lewis. En Hollywood tenía influencia sobre los jefes de estudio Harry Cohn y Jack Warner.
Frank Sinatra decía que no había visto a Luciano hasta 1947, y sólo en un encuentro casual que incluyó un apretón de manos y un trago. Aun si hubiera escuchado el nombre del mafioso, decía, no lo habría conectado con el célebre jefe. Extraño, teniendo en cuenta que se trataba del más famoso mafioso de su época, que además provenía del pueblo natal de la familia Sinatra en Sicilia.
Frank conocía a Costello. “Sólo de saludarlo en clubes”, le dijo una vez a los investigadores del Senado. Otros tenían recuerdos diferentes. Nick Sevano, amigo de toda la vida y socio de Sinatra, recordaba claramente a Costello como uno de “esos tipos” con los que Frank “se sentaba y hablaba toda la noche en los clubes”. El columnista John Miller, íntimo amigo de Costello y compañero de mesa en el Copacabana, decía: “Sinatra y Frank Costello eran grandes amigos... Siempre comíamos juntos”.
En cuanto a Moretti, Sinatra decía que no había oído acerca de él hasta mediados de los años ‘40, cuando Moretti se convirtió en su “vecino”. “Nuestros patios casi se tocaban”, contaba Angela, la hija de Moretti. Frank aseguraba haber rechazado la invitación cuando Moretti le pidió que cenara con él. “Más tarde –agregó–, se presentó en un restorán y después lo vi cinco o seis veces más en un período de varios años.” En otra ocasión admitió que “alguien” –nunca precisó quién– había llevado a Moretti a su casa. Conocía al mafioso “vagamente”, decía.
Sin embargo, Moretti estaba presente junto a los padres de Frank cuando abrió la noche en el Copacabana en 1950. Joe Pignatello, chef de otro mafioso, dijo antes de su muerte, en el 2001, que Moretti y Sinatra eran “grandes y viejos amigos”. Tina Sinatra, hija de Frank, reconoció que su padre conoció gente como Moretti “durante toda su vida”.
Probablemente Frank tuvo contacto con importantes mafiosos neoyorquinos desde fines de los años ‘30. El pianista Chico Scimone, que solía tocar para Costello y Moretti, recordaba que una vez Costello lo contrató para un extraño trato. “Los amici de Nueva Jersey contactaron a un tipo joven. Decían que tenía buena voz y querían probarlo en una especie de audición, y me pidieron que tocara el piano.” El tipo joven, dijo Scimone en el 2002, resultó ser Frank Sinatra. “La mafia –explicó– podía convertirte en alguien o podía destruirte.”
“Los muchachos le tenían simpatía a Frank porque era un cantante de salón y porque les gustaba su picardía”, decía Sonny King, un íntimo de Sinatra. “Era un pendejo cuando los conoció. Les gustaba pensar en él como un protegido, un hijo. Era respetuoso, y eso era lo correcto.”En los años ‘80, al testimoniar ante el Panel de Control del Juego de Nevada, Frank sostuvo que Moretti no había tenido nada que ver con su carrera en aquella época. La transcripción de una sesión secreta anterior ante investigadores del Senado norteamericano muestra, sin embargo, que en esa ocasión admitió un hecho crucial.
Pregunta: “¿Alguna vez, específicamente, estuvo asociado en negocios con Moretti?”.
Sinatra: “Bueno, Moretti le consiguió algunas fechas a mi banda en los comienzos de mi carrera”.
En 1940, cuando tenía 24 años, Frank se unió a la banda del inmensamente popular Tommy Dorsey, que después de dos años lo dejó grabar como solista. “Fue un momento muy tenso”, recuerda el arreglador de Dorsey, Axel Stordahl. “Frank no sabía lo que podía suceder, si podría vender discos sólo en un sello. Fue un punto crucial en su carrera.”
Las cuatro canciones que Frank grabó en la primera sesión –”Night and Day”, “The Night We Called it a Day”, “The Song Is You” y “The Lamplighters Serenade”– fueron bien recibidas. Llegó a las listas de éxitos, y el público en los conciertos pedía bises. Su salario, que solía ser de cien dólares a la semana, subió a cuatrocientos.
Pero Frank era infeliz, un manojo de nervios. Apenas comía, y visitaba con frecuencia al médico. “Empezó a hablar de la muerte, de morir”, recuerda Nick Sevano. “Decía que no iba a llegar a viejo.” Frank se sentía así, le dijo a Sevano, porque sentía que debía dejar a Dorsey o de lo contrario le ganaría el espacio otro cantante.
Cuando Frank le dijo a Dorsey que planeaba dejar el grupo, el líder reaccionó primero con sorpresa, después le rogó que se quedara y finalmente se enojó. Insistió en que Frank debía quedarse hasta finalizar el contrato de dos años. Frank empezó a llegar tarde y a faltar a las sesiones de grabación para que Dorsey lo echara, pero no funcionó. Desesperado, Frank trabajó durante 1942 en una gira frenética que llevó a la banda a Nueva York, Montreal, Detroit, Filadelfia, Baltimore y Washington. En Washington le dijo a Dorsey que se iba de una buena vez. El líder le hizo firmar un acuerdo, después se encogió de hombros y dijo: “Que se vaya. Quizá sea lo mejor para mí”.
Frank cantó por última vez con la banda el 10 de septiembre de 1942, en Minneapolis. Después del show, lloró sobre el hombro de Dorsey, deprimido por el futuro de su carrera. Tres meses antes de su cumpleaños número 27, y tres años después de formar parte de la más importante banda del país, estaba solo, pero tenía un compromiso espantoso. No había leído la letra chica del contrato que lo liberaba, pero según sus términos Frank estaba obligado a pagarle a Dorsey un tercio de todas sus futuras ganancias durante los siguientes diez años. Otro 10 por ciento se destinaría al manager de Dorsey.
Al año siguiente, cuando comenzó a hacer dinero, Frank le dijo a la prensa que “estaba mal que alguien fuera dueño de una parte suya”. Desconoció el contrato con Dorsey, llamándolo “un pedazo de papel”. Dorsey lo demandó. Pero de pronto, dos días después de interpuesta la demanda, la cuestión se arregló fuera de la Corte. “Contraté a un par de abogados para que lo arreglaran”, dijo Frank una década después. La versión de Dorsey emergió en 1951, en un artículo periodístico. Se rindió, dijo el líder de la banda, sólo después de que tres personajes con aspecto de hombres de negocios le dijeron que firmara o... Lo contó a Ed Becker, ex directivo de un casino de Las Vegas: “Tres tipos de Nueva York se me acercaron y dijeron que querían comprar el contrato de Frank. Les dije que jamás lo haría, pero sacaron un arma y preguntaron: ‘¿Vas a firmar o no?’. Y lo hice”.El mafioso Joseph “Doc” Stacher, que trabajaba con la gente de Luciano, decía: “Los italianos entre nosotros estaban muy orgullosos de Frank. Siempre me decían que gastaban mucho dinero ayudándolo en su carrera desde que estaba en la banda de Tommy Dorsey”.
El propio Luciano habló antes de morir del momento en que hizo falta dinero para “que el público conociera a Frank. Creo que fueron 5 o 6 mil dólares. Habilité el dinero que salió de nuestra cuenta. Todo eso ayudó a convertirlo en una gran estrella”.
Desde el momento en que la mafia obligó a Dorsey a dar un paso atrás, un documento del Departamento de Narcóticos fechado a mediados de los ‘50 consideraba que Sinatra se había convertido en “uno de los muchos del mundo del espectáculo que conscientemente trabaja con la mafia”. De acuerdo con su amigo Sonny King, Luciano y Frank Costello asignaron a dos mafiosos para “manejar” a Sinatra. Joe Fischetti, decía King, tenía que estar con Frank todo el tiempo. Sam Giancana, el futuro jefe de la mafia de Chicago, estaba ahí para ponerse en acción “si algo grave sucedía”. Según la amante de Giancana, Phyllis McGuire, Frank fue amigo de los “muchachos” durante años, desde que lo ayudaran a librarse del contrato con Tom Dorsey.
“Los italianos se conocen entre ellos”, decía Gene DiNovi, un pianista italonorteamericano que trabajó con Sinatra. “Los italianos suelen ser dos tipos de personas: o Lucky Luciano o Miguel Angel. Frank es una excepción. Frank es ambos.”
El 30 de enero de 1947, Frank fue a la oficina del sheriff de California y obtuvo una licencia para portar una pistola German Walther. La prensa publicó que se había negado a admitir los motivos y que protestó porque se trataba de “cuestiones personales”. Portar armas se volvió algo rutinario para él. Nunca salía de su casa sin ellas.
Después de obtener el permiso, Frank voló a Nueva York para cumplir con un compromiso en la radio, y después siguió viaje a Miami. Antes de partir hacia el sur, la prensa averiguó quién sería el anfitrión de Frank en Florida: Joe Fischietti. Y la mansión de Miami Beach donde Frank paró pertenecía a los hermanos mayores de Joe, Charles y Rocco, que acababan de llegar del funeral de Al Capone en Chicago.
Frank se unió a los hermanos en Miami en un momento clave para el crimen organizado. Luciano estaba de vuelta en circulación. Había sido liberado de prisión en 1946, a condición de que se exiliara en Italia. La policía italiana lo escoltó hasta Lercara Friddi. Desde allí viajó a Roma, donde rápidamente se registró en una lujosa habitación de hotel, en contacto con sus socios norteamericanos, para planear su regreso al poder real. Antes de dejar los Estados Unidos había arreglado las condiciones de su regreso con uno de sus principales socios, Meyer Lansky: controlaría su imperio desde Cuba.
Luciano llegó a La Habana en el otoño de 1946 y estableció su base de operaciones con la connivencia de los políticos cubanos. Empezó a recibir un caudal de antiguos mafiosos norteamericanos. “Los muchachos llegaron -recordó– no porque se los pedí sino porque se los ordené.” Rocco y Joe Fischetti volaron hacia La Habana en un vuelo de Pan Am desde Miami el 11 de febrero de 1947. Una fotografía los muestra bajando del avión, Rocco último, Joe al frente, tapándose la cara con la mano. Entre ellos, cargando un gran bolso de mano, está Frank Sinatra.
Frank, rápidamente, negó todo. “Cualquier rumor de que confraternizo con delincuentes es una vil mentira. Voy a muchos lugares y conozco a muchas personas de todo tipo, editores, científicos, hombres de negocios y, a lo mejor, personajes menos presentables.”
Los relatos del episodio brindados por Frank no fueron consistentes. Dijo que había conocido a Joe Fischetti fugazmente, cuando actuaba en Chicago.Sólo se había encontrado con él casualmente en Miami, antes del viaje a Cuba. Ante un comité del Senado que investigaba el crimen organizado, dijo que sólo “saludaba” a Charlie y a Rocco Fischietti, y que nunca había hecho negocios con él. Más tarde declaró que el viaje conjunto había sido pura coincidencia.
Acerca de su encuentro con Luciano, Frank dijo a los periodistas: “Me educaron para darle la mano a una persona cuando me la presentan sin investigar antes su pasado”. En una entrevista con Hedda Hopper, dijo: “Fui a un casino una noche. Uno de los anfitriones, un capitán, me reconoció y me pidió que conociera a alguna gente... No me pude negar... Así que fui e hice algunas presentaciones de rutina, sin prestar atención a los nombres. Uno de ellos era Lucky Luciano. Y aunque hubiera registrado el nombre, probablemente no lo habría asociado con el personaje de los bajos fondos... Me senté a su mesa durante quince minutos y después me fui al hotel. Es imposible ganar cuando se distorsionan actos tan inocentes”.
Finalmente, en 1970, cuando un cuerpo estatal de Nueva Jersey que investigaba el crimen organizado lo interrogó, Frank dijo que no conocía a mafiosos y volvió a negar que tuviera conocimiento de las actividades ilegales de Luciano.
De hecho, los archivos del FBI muestran que Sinatra y los Fischetti habían pasado mucho tiempo juntos durante los meses previos al viaje a Cuba. El y Charles Fischetti habían estado tres horas de visita en casa de la madre de Fischetti en Brooklyn. Frank había sido huésped de Rocco en el Vernon Country Club, en las afueras de Chicago. Aunque Frank negó tener negocios con ellos, los hermanos Fischetti declararon, ante el comité de investigación del crimen organizado Kefauver, que estaban asociados con Frank en operaciones de venta de automotores. Según un informante del FBI, Joe Fischetti había dicho antes del viaje a La Habana que tenía “intereses financieros” comunes con Sinatra.