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Poemas escondidos en la ESMA
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Por Victoria Ginzberg
ESCRITOS DE UNA DESAPARECIDA QUE SERAN LEIDOS EL 24 de marzo.

Loli Ponce escribía a escondidas en el campo de concentración. Sus poemas serán leídos en la ceremonia de este miércoles.
Cuando el guardia de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) le dijo que Rubén “Delfín” Chamorro la quería ver, Ana María Ponce (“la Loli”) supo que la iban a matar.
Se las arregló para encontrarse en el sótano con Graciela Daleo y sacar del armario un sobre naranja.
“Guardalos”, le dijo. Eran los poemas que había escrito durante su cautiverio.
Quince años después, Luis Andrés Macagno Fernández se decidió a pedirle a su abuela que le mostrara aquellos papeles que conservaba como un tesoro.
La mujer siempre le había dicho que estaban allí para él, para cuando se sintiera preparado para verlos.
Luis no encuentra las palabras para explicar lo que le pasó en el momento en que leyó por primera vez esos versos. Pero cada vez que los repasa se sacude por dentro.
El 24 de marzo los poemas de la Loli –a quien el presidente Néstor Kirchner conoció mientras estudiaba y militaba en La Plata– serán leídos y repartidos en el acto de repudio del último golpe de Estado que se realizará en la Esma.
En la pared del cuartito del sótano de la ESMA la Loli había pegado un poema.
“He resurgido muchas veces/ desde el fondo de las estrellas derrotadas.”
Al lado tenía la foto de su hijo.
La atormentaba no saber qué había pasado con él. Luis (Piri, por Pirincho, apodo que debe a los rulos que lo caracterizaron desde chico) estaba con ella cuando la secuestraron en el zoológico.
Fue el 18 de julio de 1977 y Luis, que cumplía dos años ese día, había logrado pasar
poco antes a manos de otra compañera.
Su papá, Godoberto Luis Fernández, había desaparecido el 11 de enero de ese año y el Piri fue a vivir a un casa en Las Flores, con amigos de sus padres, y después a San Luis, con su abuela Elba.
Mientras estuvo cautiva en la ESMA, La Loli buscó un escape, una forma de resistir al horror que la rodeaba.
Y escribió.
“Quiero saber cómo se ve el mundo/ me olvidé de su forma/ de su insaciable boca/ de sus destructoras manos/ me olvidé de la noche y el día/ me olvidé de las calles recorridas” (...) “y estoy, a pesar de todo esto/ a pesar de no creerlo/ estoy juntando unas palabras/ unas infieles palabras/ que me dejen recordar/ cómo podría verse el mundo”, dice uno de sus poemas.
Daleo conoció a la Loli en la ESMA.
Cuando a ella la secuestraron, Ana María ya estaba allí y ya escribía.
Ambas trabajaban en el sótano tipeando papeles en las viejas máquinas Lexington Olivetti o en una Composer, antecesora de la computadora.
El lunes de carnaval de 1978 Daleo recibió un mensaje de su compañera: que inventara una excusa para encontrarse con ella en el sótano.
Era urgente. “No recuerdo cómo, pero logré que me bajaran. Me contó que Federico –el represor oficial de la policía Roberto González– le había dicho que la iban a llevar con Chamorro, el director de la EAMA, quien, en última instancia, levantaba o bajaba el pulgar de la muerte y la vida.
Esa vida que en los planteles del grupo de tareas debía ser una forma de muerte, sólo que leída en un espejo”, recordó Daleo.
Según el policía, Chamorro quería que Loli diera una conferencia de prensa en la que dijera que estaba arrepentida de haber sido montonera.
Para ambas era raro que el mensaje llegara a través de un simple “operativo”. “Se abrió la puerta del sótano, siempre su ruido de cerrojo.
El Pedro Cacho anunció Loli, prepárese que va para La Plata’. Ya no era ver al Delfín. No hubo palabras que dijeran lo que había que decir. La Loli abrió el armario del cuartito del sótano, sacó un canasto y se lo colgó al hombro.
Antes, agarró un sobre color naranja. ‘Guardalos’, me dijo.
El Pedro Cacho se la llevó”, relató su compañera.
Parte de esta historia apareció hace más de seis años en este diario, en una contratapa escrita por Juan Gelman.
El relato contribuyó a que Piri se animara a saber más sobre sus padres.
Para Luis no fue fácil crecer en San Luis.
Lo envolvía el clima de pueblo chico y las miradas de los otros, que a veces lo hacían sentir diferente, raro o depositario de lástima.
En el jardín tuvo que convivir con los nietos del dictador Jorge Rafael Videla.
En una ocasión, el amigo de su abuela que lo pasaba a buscar todos los días por el lugar se demoró.
Frente a la casa de Elba estacionó un Falcon Verde y la mujer se sintió descubierta.
Pero no era más (ni menos) que la familia Videla y su custodia trayendo al niño.
Saldar una deuda
Este verano Piri se enteró de que su tío iba a ver al presidente Néstor Kirchner.
Sabía vagamente que ambos se habían conocido en La Plata y que habían militado juntos.
Le recordó los poemas de su madre.
Tal vez le interesarían a alguien en la secretaría de Derechos Humanos o en Cultura.
El hombre le mencionó los versos a Kirchner, quien se enteró en ese momento de que Ana María estaba desaparecida y pidió que le enviaran una copia de todos los poemas.
Menos de una semana después –hace unos diez días– sonó el teléfono en la casa de Piri en Córdoba y del otro lado estaba el Presidente.
“Me pareció muy raro y fuerte a la vez, pero cuando empecé a hablar no sentía que hablaba con el Presidente, parecía alguien cercano, no sentía la autoridad. Me habló de mis padres, que eran muy buena gente y me dijo que iban a publicar los poemas. Fue muy afectuoso. me invitó para que fuera con mi abuela al acto del 24... Estuve temblando todo el día, en mi casa no lo podían creer”, contó Luis a Página/12.
En abril del año pasado Piri, a quien le falta muy poco para recibirse de abogado, votó a Kirchner sin convicción, un poco influenciado por aquella vaga relación que lo unía con su tío. “Si hubiese sabido un par de las medidas que iba a tomar lo hubiera votado con confianza”, confesó.
Pero aquel vínculo era más concreto de lo que Piri sospechaba y no era sólo con su tío.
Kirchner había conocido a sus Ana María y Godoberto mientras militaban en la Federación Universitaria de Revolución Nacional en La Plata.
Los poemas de Ana María conmovieron al Presidente, que en estos días recordaba cuando juntos tuvieron que escaparse de la masacre de Ezeiza.
Kirchner era el responsable del grupo y juntó a todos en un auto, empezó a manejar y terminó medio perdido pero fuera del alcance de la derecha peronista.
A pesar de que Ana María escribía desde chica, los poemas rescatados por Daleo de la ESMA son los únicos que sobrevivieron.
El resto fue quemado junto con libros y documentos por miedo a los militares.
La edición de los versos será para Piri “como saldar una deuda”: “Que estén publicados me hace sentir orgulloso, porque más allá de que los haya escrito mi mamá, son muy buenos y hablan de la esperanza y las ganas de vivir”.