Estamos trabajando en la nueva versión del sitio, enterate como participar.



Oesterheld, un hombre que necesitaba creer
 Vistas desde creación:4279
 Vistas desde último cambio:4120
 Vistas este mes:4279
 Vistas este año:4279
subir a novedades del sitio. 

Nota: El presente artículo es largo. Por favor tengan a bien utilizar los botones de desplazamiento que hemos colocado para los artículos extensos. Dichos botones están ubicados al final de la nota sobre el margen derecho de las mismas.
Por Facundo García

El 27 de abril de 1977 Oesterheld fue secuestrado por la dictadura militar, desde entonces es uno más de los miles de desaparecidos y asesinados, al igual que sus cuatro hijas.

“Héctor fue un hombre que necesitaba creer en la vida”
Elsa Oesterheld, viuda del autor de “El eternauta”, habla del gran historietista y escritor.
Han pasado cinco décadas desde la salida de El Eternauta y treinta años sin Héctor Germán Oesterheld.
Quien fuera su compañera lo recuerda con cariño y admiración.
Dos exposiciones le rinden un merecido homenaje.
Fue hace una semana.
A casi cincuenta años de la primera publicación de El Eternauta, la nieve era como un homenaje, un guiño.
Elsa Oesterheld atendió y su voz llegó con interferencia a través del cable telefónico, que se dibujaba entre las calles blanqueadas por los copos.
Casi se la podía imaginar mirando el frío desde una ventana cuando su voz de ochenta y tantos dijo que sí, que estaba dispuesta a charlar sobre la vida
que compartió con el guionista más importante de la historieta argentina: “Héctor era un apasionado.
En cualquier lado se le ocurría un argumento.
En el tren o en la vereda lo veías sacar un cuadernito lleno de círculos y triángulos, en el que escribía con un código que nadie ha podido descifrar.
Elsa soltaba anécdotas divertidas a pesar de haber pasado por el dolor de que le secuestraran a su marido, sus cuatro hijas –dos de ellas embarazadas– y dos yernos.
Incluso cada tanto soltaba alguna risa, como para dejar claro que las injusticias no la quebraron.
Días después, Elsa surge con la misma vitalidad de entre las sombras del microcentro porteño, en un atardecer helado pero ya sin copos.
Llega hasta el Archivo y Museo Histórico del Banco Provincia para asistir a la inauguración de una muestra que recuerda que han pasado cinco décadas desde la salida de El Eternauta y treinta años sin Héctor Germán Oesterheld (ver recuadros)
Caminando por una galería de ilustraciones que muestran a los más de ochenta personajes que trajo al mundo su marido, ella completa el boceto que había empezado a trazar: “Fue un hombre que necesitaba creer en el hombre por el hombre mismo.
Necesitaba creer en la vida, en la gente que apostaba sin intereses”, cuenta.
Desde sus primeras publicaciones, Oesterheld hilvanó con paciencia relatos que daban por tierra con las concepciones maniqueas del mundo.
“Toda su obra fue una especie de anticipo de la defensa de los derechos humanos en la Argentina”, aporta Elsa. En efecto, contra los supermanes que llegaban desde Estados Unidos –tan parecidos a la bomba atómica en su infalible potencia destructora–, Oesterheld propuso tipos como El Sargento Kirk, capaz de ponerse del lado de indios nada simpáticos en caso de que se cometiera alguna injusticia contra ellos. O el gran Ernie Pike, que no gustaba a las editoriales porque su protagonista, un corresponsal que recorría los frentes de la Segunda Guerra Mundial, no señalaba a seres puntuales sino a la guerra misma como el principal villano de sus aventuras.
Eran historias en las que los buenos a veces perdían.
Más verdaderas que las de muchos “realistas”, en todo caso.
“Lo que pasa es que él era fundamentalmente un filósofo –define la mujer un rato después, luego de pasar ante viejas tapas de Hora Cero–. No solamente en los guiones, sino en cada cosa que hacía.
A poco de publicar algún trabajo, ya había regalado todo.
Por eso se ha extraviado mucho de lo que hizo.
Se pasaba días y noches en un cuartito, identificado con sus personajes hasta el punto de fundar una editorial como Frontera para poder tocar los temas que en otros lugares le prohibían.”
Elsa asegura que antes de que llegara la saña militar, su casa era “uno de los lugares con más creatividad en el mundo”
Héctor funcionaba como el dínamo del hogar, andando descalzo por toda la casa, despeinado y siempre desaliñado.
“Uf... leía en cualquier lado, anotando cosas en letra manuscrita o en su código. No cuidaba para nada su aspecto personal ¡no sabés lo que renegaba para que se pusiera una camisa! Ahora lo entiendo más: se sentía a gusto con la gente sencilla”, revela la entrevistada.
Parece que Oesterheld no era un galán, pero bastaba escucharlo un minuto para que las cortinas del hombre común dejaran entrever un tipo fuera de serie.
Así lo recuerda quien lo acompañó durante tantos años.
“Lo conocí en un club de barrio. Mis amigas me preguntaban por qué me había ido a enamorar justo del más feo. Es verdad, no era lindo. Pero hablaba y era obvio que tenías enfrente a alguien excepcional”, aclara Elsa.
En el refugio del guionista, la literatura y las publicaciones científicas de todo el mundo circulaban por igual y en cuatro idiomas.
“Y siempre pensaba en equipo con los dibujantes –agrega ella–.
Sabía que a Hugo Pratt lo volvían loco las aventuras, y ahí nomás le mandaba una a su gusto. (Carlos) Roume se llevaba bien con los animales, y entonces le daba una llena de bichos. (Francisco) Solano López y (Alberto) Breccia eran ciencia ficción, y así les entregó su Eternauta y su Sherlock Time.”
Un sector de una de las salas está dedicada, precisamente, a El Eternauta y sus distintas ediciones.
La obra vio la luz por primera vez en septiembre de 1957, y hoy está a punto de ser repartida en las escuelas del país por iniciativa del Ministerio de Educación.
Sin embargo, casi nadie sabe que la famosa historieta podría haber tenido una forma completamente diferente.
Antes del lanzamiento, los empresarios querían que la serie fuera dibujada íntegramente por la mano talentosa y sofisticada de Alberto Breccia.
Pero una charla entre Héctor y Elsa dio un vuelco a la situación.
“Yo fui quien lo convenció para que propusiera a Solano López en lugar de Breccia –jura Elsa–.
Le dije que si iba a hacer una historieta para quioscos tenía que usar un dibujo que no fuera intelectual.
Entonces él insistió para que quedara Solano en el proyecto.
Se ve que acertó, porque esas caras y esos paisajes se han mantenido en la memoria de muchísimas personas a lo largo de tanto tiempo”, afirma.
A fines de abril de 1977, Héctor Oesterheld pasó a integrar la lista de desaparecidos por la dictadura militar.
Empezó una época sombría, que agrandaría la dimensión ética del artista y sus personajes.
Mientras la segunda parte de El Eternauta –que había sido escrita en la clandestinidad– circulaba furtivamente, Elsa tuvo que soportar las “visitas” de los grupos de tareas.
“Cuando los milicos entraron, dos gorilas me agarraron de los brazos.Yo les grité que estaban en la casa de una familia y de una señora, que iban a tener que respetarme"
Los tipos quedaron pasmados, y eso que yo ya estaba sola como un perro”, se emociona.
“Desde aquella vez –resume– he pasado por momentos malos, pero el tiempo me enseñó a qué se refería Héctor cuando hablaba de los Héroes Colectivos.
Los que leen sus historietas, los que mantienen viva la memoria del país, todos ellos en grupo han hecho que yo renazca después de que a los cincuenta años me dejaran vacía.
En estos años aprendí que por la patria se vive, no se muere.
Morir es fácil. Lo difícil es vivir. Y al final tiene su sentido.
Muchas veces encuentro personas que no saben nada de lo que me pasó y me preguntan cómo hago para mantenerme tan activa.
Yo les respondo que el secreto es simplemente ése, ‘buena vida’.”

La ficha
H. G. O. nació el 23 de julio de 1919. En su infancia leyó atropelladamente a Salgari, Verne y otros clásicos.
Estudió geología antes de dedicarse a las viñetas.
A los 23 años publica en el diario La Prensa su primer cuento, “Truila y Miltar”.
La historia narra la experiencia de dos gnomos que se ayudan entre sí por encima de los egoísmos personales, en un tono que será leit motiv en sus trabajos futuros.
Poco después se inicia en las editoriales Abril y Codex, ideando
publicaciones infantiles –labor que no abandonará nunca– y de divulgación científica.
La década del ‘50 lo encuentra sumergido en el mundo de los guiones para historieta, con personajes como Sargento Kirk o El Indio Suárez, que se publicaban en las revistas Rayo Rojo y Misterix.
Por entonces acompañaba esas tareas con colaboraciones para la legendaria Más Allá.
En 1956 funda junto a su hermano la Editorial Frontera.
Ahí trabajó con Hugo Pratt, Francisco Solano López, Arturo del Castillo, Alberto Breccia y Carlos Roume, entre otros.
Juntos lograron sentar un hito en la historieta nacional a partir de las revistas Frontera y Hora Cero, que lograron grandes éxitos de ventas.
Al año siguiente –1957– sale a la calle El Eternauta.
Luego de cerrar la editorial por problemas económicos, Oesterheld trabajó para vivir, trayendo al mundo a decenas de personajes.
A fines de los ’60 asume nuevos compromisos políticos que culminarían insertándolo en Montoneros.
De esa época son Vida del Che, Evita y otras ideas que lleva a El Descamisado, Evita Montonera y el periódico Noticias.
También publica La guerra de los Antartes y una nueva versión de El Eternauta dibujada por Breccia.
En 1976 se publica la segunda parte de la conocida historia, con Solano López como dibujante.
La nueva propuesta era mucho más explícita políticamente y estaba escrita desde la clandestinidad.
Se estima que H. G. O fue secuestrado por la dictadura a fines de abril de 1977.

Un ejemplo de fortaleza
Por Miguel Rep

Lo de los 50/30 años de las efemérides oesterheldianas, tanto en la gloria como en la tragedia, también merecerían ser fechas elsianas.
A Elsa ya la describió muy bien mi amigo José Pablo Feinmann, descubriéndola en el palco al lado del Presidente. Una mujer con una mirada firme, que aguantó las peores noticias y padecimientos posteriores, un ejemplo de fortaleza en medio de las soledades de esta sociedad hipócrita. La mujer de un historietista, la mujer del subversivo. La mamá de esas cuatro bellas quelástimaqueestabanenlajoda. Y encima, una mujer estafada por editores mundiales y vernáculos en los derechos que le correspondían.
Parecerá frívolo, pero estoy viendo otra Elsa que la que he visto en todos estos años. Yo no sé si siete duelos se saldan en treinta años, y no sé si bastan cincuenta para resignificar una obra tan vital como El Eternauta, que devuelve algo de los recuerdos de tiempos felices y mucho de aliento vital que sigue y sigue, pero esta muchacha golpeadísima está distinta, quizás más leve, de levitar, de poder empezar a descansar, de confiar en la entrega de la antorcha, de un resentimiento de otra manera. Más sana, espero. Esperamos. Porque la necesitamos, y mucho. Porque ella se necesita a sí misma, para seguir en esta lucha por la verdad. Porque la vamos a seguir necesitando para cuidarla, y que siga cuidando la memoria y la obra, y porque la queremos. Y ahora, creo, está en condiciones de dejarse querer mejor.
De Juan Salvo y Elena y Martita ya hablamos y hablamos.
Los 50/30 son de ella. De Elsa. Más que de nadie; ella es la que está viva.

H. G. O.: EL VIDEO SOBRE OESTERHELD
por Susana Colombo / Domingo 28 de setiembre de 1997

No me acuerdo del color de sus ojos, pero sí de la calidez y ei brillo de su mirada", dijo el escritor Mempo Giardinelli sobre el historietista Héctor Germán Oesterheld, nacido en 1919 y secuestrado por la dictadura militar en 1977. El humorista Rep lo recuerda "algo hosco, dificil"; Francisco Solano López -el dibujante de El Eternauta dice que era callado, pero con frecuencia "gracioso". En sus fotos, Oesterheld muestra un aire distinguido; el dibujante guionista, Ricardo Barreiro; con un estilo llano, define así el rostro: "Tenía una "jeta" que parecía que se la habían esculpido en piedra".
A través de una suerte de "historia oral", un filme documental unió los recuerdos de quienes conocieron a Oesterheld. H.G.O. (Héctor Germán Oesterheld) es un fìlme de producción independiente, "opera prima" de los cineastas Víctor Bailo y Daniel Stefanello. Requirió cincuenta horas de entrevistas, necesarias, dicen, para trabajar "sobre la fragilidad de la memoria". Todos lo entrevistados conocieron a "El Viejo" pero sus reçuerdos no son idénticos: justifican, discrepan o reprochan su inserción en el peronismo de izquierda cuando sus hijas ya militaban en Montoneros. Como el padre, dos de sus hijas y un yerno fueron asesinados; las otras dos y otro de los yernos son desaparecidos.
En el filme se cruzan el cariño, la admiración y las opiniones sobre los trabajos y la muerte de Oesterheld. Por la cercanía y por el dolor persistente, son particulares los relatos de la señora Elsa Sánchez de Oesterheld: cuenta que, como padre, Oesterheld era dado a juegos y mimos "más como un abuelo para sus chicas" y que amaba regar las plantas del jardín de su casa de Beccar. O se quedaba sentado, callado y quieto, rumiando hasta volcar con rapidez sus guiones. Después,. Elsa recuerda sus reproches de esa época: "¿Por qué llegaste a esto; qué se te metió en la cabeza si vos no eras así?"; le preguntaba culpándolo por la adhesión de las hijas a la riesgosa actividad política.
Miguel Fernández Long - esposo de una de las hijas, Beatriz Oesterheld, hasta poco antes de que fuera asesinada- disiente: para él, la militancia de las hijas fue decisiva en la elección del padre.
Oesterheld era hijo de Ferdinand Kurt, un simpatizante de la posición alemana en la Segunda Guerra. El historietista era socialista: se dïstanció de su padre. Para Héctor, Perón era un demagogo y, como la mayoría de los intelectuales, no comulgó, en el 45, con el peronismo. En el conflictivo año 55, lo llamaron de la Casa de Gobierno para que realizara un guión sobre la vida de Perón. Erá un trabajo con atractivos ingresos, en momentos en que raleaba el dinero en su casa; no lo aceptó.
Una pasión poco conocida de Oesterheld eran los cuentos infantiles -El Osito Olvidado, Trapito, Gatito y Rococóco-, que el autor de La guerra de los Antartes firmaba con seudónimo. Su primer cuento había sido publicado sorpresívamente por iniciativa de un amigo en el diario La Prensa.
"Leía a Conrad, Stevenson o Sartre", comenta en el filme el escritor Guillermo Saccomario-. Hablaba de Borges, pero prefería a Rodolfo Walsh."
Las revistas Hora Cero y Frontera alcanzaron un rotundo éxito: también Ticonderoga y Sargento Kirk. El dibujante Hugo Pratt participó de esas historietas.
En el 57, con Francisco Solano López como ilustrador, comenzó la entrega por capítulos de El Eternauta, la historieta más perdurable del país. Sus distintas versiones fueron editadas en 1957, 1969 y 1976. Con el tiempo, se la recordó como una premonición del régimen militar del 76. El Eternauta II, escrito en la semiclandestinidad, reflejaba los dolores de Oesterheld. En el guión -con ilustraciones de Alberto Breccia- un personaje lleva el nombre de María -con esa identidad militaba su hija Beatriz, ya muerta- y constantemente repite "todos muertos", "quieren seguir vivos".
H.G.O. reproduce imágenes de noticieros sobre las crisis militares de los años 60, una de ellas mezclada con una cabeza . de "El Eternauta", cubierta con la escafandra recorrida por los copos mortíferos. La elaboracíón del filme llevó dos años de trabajo; diez meses de investigación y obténción de datos. Bailo y Stefanello sólo tuvieron la colabóración en la posproducción de Ariel Direse, como asístente, y Ana kresích, como ayudante de dirección.
Tras el golpe del 76, Oesterheld debió ocúltarse. Alguien lo descubrió cruzando la 9 de Julio, "teñido de oscuro, con barba y sombrero" El padre de El Eternauta fue secuestrado en La Plata el 27 de abril de 1977 y pasó por varios campos. Fue visto en El Vesubio por otro detenido; el médico Eduardo Arias. En las
duchas del centro clandestino de Campo de Mayo lo vio Juan Carlos Scarpati: tenía signos de torturas y se lamentaba por la suerte de sus hijas.
Fernández Long dice que cuando Oes terheld estaba en el chupadero llamado "Sheraton", en Villa Insuperable, le exigieron que escribiera el guìón de una historieta a favor del régimen militar. Se negó.
Uno de los dos nietos de Oesterheld, Martín, aparece en el filme y cuenta sus distintas lecturas de El Eternauta y los momentos de juego con "El Viejo". Martín' fue "encontrado" en una casa en Longchamps después de que sus padres, Estela-Oesterheld y Raíil Mórtola, fueran asesinados. Los militares llevaron al chico con su ' abuelo, que ya estaba desaparecido. El les dio la dirección de la abuela. Martín todavía recuerda el abrazo de despedida.
El filme muestra fragmentos de una carta qúe le envió a Elsa estando desaparecído: espera que su detención sea legalizada y lo pasen a prisión. Nunca se supo más de él hasta que le avisaron a Elsa que posiblemente había sido asesinado en Mercedes, en 1978.
Los tramos finales del filme están cargados de emoción. "Sueño mucho con Héctor", asegura el yerno Fernández Long.

Señales del Eternauta
por ALICIA MARTINEZ PARDIEZ / Clarín.com (Edición Domingo 09.08.1998)

Y el nuevo viaje del Eternauta (para muchos, el mito más fuerte de la cultura argentina de la segunda mitad del siglo y el mejor relato de ciencia ficción de nuestra literatura) y de su creador, fue hacia Gijón.
En esta ciudad se celebra el mayor festival multicultural de Europa, la Semana Negra -dirigida por el escritor mexicano Paco Taibo II-, que este año dedicó su principal homenaje a Héctor Germán Oesterheld, el escritor y guionista de historietas que cambió, de una vez y para siempre, el cómic nacional.
Los trabajos y las horas del autor desaparecido en 1977 durante la dictadura militar, se analizaron durante los diez días del evento, por el que cada año pasan dos millones de personas.
La primera propuesta del tributo fue El arte simple de narrar.
Héctor Oesterheld-Alberto Breccia, la exposición de 32 obras originales resultantes de los algo más de diez años en los que el dibujante uruguayo y el autor argentino crearon a cuatro manos.
La muestra recreó un recorrido por las tres historias más importantes de este binomio de maestros: las aventuras del detective del tiempo y del espacio Sherlok Time (1958-60) -tantas veces cercano al imaginario borgeano-; el inmortal testigo de la historia de la humanidad Mort Cinder (1962-64) y las mejores secuencias de la fantástica invasión de extraterrestres a Buenos Aires, El Eternauta (1969), en su segunda versión (la primera data de 1957-1959, con dibujos de Francisco Solano López)
Pero la producción de este geólogo especializado en ciencias naturales, que a principios de los años 50 se acercó por casualidad al mundo del cómic (a pedido de Cesare Civita, entonces propietario de la editorial Abril, donde Oesterheld ya publicaba cuentos infantiles), abarcó mucho más que estos tres títulos
Bull Rockett, Sargento Kirk, Uma-Uma, Indio Suárez, Ernie Pike, Ticonderoga, Tipp Kenya, Rolo, el marciano adoptivo, La guerra de los Antartes y Vida del Che entre otros, son sólo una parte de los centenares de guiones creados por el artista e ilustrados por los dibujantes más significativos de su generación y de las sucesivas: Hugo Pratt, Arturo Castillo y Carlos Roume, entre otros.
Por eso mismo, y para difundir las claves, génesis y evolución del monumental trabajo del escritor argentino, el homenaje incluyó la presentación de un libro -titulado como la muestra- con una extensa entrevista al guionista, realizada por
Guillermo Saccomano y Carlos Trillo y un texto de Oesterheld, donde el autor describe cómo nace un personaje de historieta.
Un personaje de historieta -explica- no es, contra lo que comúnmente se cree, creación del dibujante, ni resultado de las directivas de los editores o de los directores de las revistas.
Un personaje de historieta, en nuestro medio, es creación de un obrero intelectual cuyo nombre suele mantenerse en la penumbra, oculto por el esplendor más romántico que rodea la labor del dibujante.
Este obrero intelectual es el argumentista o guionista, o como quiera llamársele, pues entre nosotros ambas actividades se confunden.
El libro editado para la ocasión -y del que se imprimieron mil ejemplares, 600 distribuidos de manera gratuita- aporta nuevos estudios monográficos sobre sus obras, firmados por Juan Sasturain y otros tres argentinos, radicados en Europa desde los años 70: José Muñoz, Carlos Sampayo (respectivamente, dibujante y guionista de Alan Sinner) y Jorge Zentner (guionista de El silencio de Malka y Dieter Lumpen)
A este grupo de confesos admiradores y herederos oesterheldianos se sumó Horacio Altuna (El Nene Montanaro), y el encuentro contó así con las voces de los mejores representantes del cómic actual en lengua española.
Todos juntos (en una mesa redonda signada por los che, ¿te acordás?) señalaron que Oesterheld cambió la estructura de hierro de la historieta de evasión, se apartó de las convenciones del género -los héroes malos y buenos dieron paso a héroes de todos los días, y las clásicas historias con happy end comenzaron a terminar mal-, y que así construyó una obra metafísica (acaso por eso mismo muy argentina) que no dejaba nunca de lado el sentido ético, la amistad, la solidaridad o la lealtad.
Los artistas recordaron ante los españoles la personalidad -incansable, combativa, siempre audaz y humilde- de este hombre que nació para soñar y narrar historietas.
Y también la barbarie de su final, el mismo que sufrieron sus cuatro hijas.
Un minuto de silencio cerró el tributo asturiano al argentino.
Escuché. Todo el resto de aquella noche no hice más que escuchar.
Y sí, cuando el Eternauta concluyó ya todo estaba claro.
Tan claro como para llenarme de pavor, y de una enorme piedad, por él, por mí, por vos, lector.
Pero no adelantaré nada... es necesario que se conozca la historia del Eternauta tal como él me la contó... (Continuará)

Eterno resplandor
Por Cristian Vazquez / de la Redacción de Clarín
A fin de mes se cumplen 30 años de la desaparición del historietista y, en septiembre, medio siglo de la edición original de El Eternauta. Testimonios de su mujer y sus colegas Solano López, Breccia y Trillo.
Por Cristian Vazquez / De la Redacción de Clarín
A Elsa le costó reconocerlo. Estaba en un rincón oscuro de la confitería La Fragata, en la esquina de Corrientes y San Martín. Se había dejado la barba y el pelo más largo, se vestía diferente. Se ocultaba. Eran las 3 de la tarde de un caluroso sábado de 1977. ¿De qué hablaron? El dijo que era probable que no pudieran volver a verse por un largo tiempo. "Vos elegís, es tu decisión", le respondió ella. Pero le hizo un ruego desesperado: "Salvá a las chicas". Después se despidieron. Fue la última vez que lo vio.
Elsa se sorprendió de encontrar así a su marido, a quien había conocido desde siempre como un hombre casero, pacífico, librepensador. Como se sorprendería, mucho más tarde, al enterarse —a través de los compañeros de militancia de él— de que fumaba en pipa. O como se había sorprendido desde los primeros tiempos por su versatilidad para escribir y su enorme capacidad para inventar argumentos, para redactar los guiones de una veintena de historias simultáneas. Quizás Héctor Germán Oesterheld era eso: un hombre hecho para sorprender.
La historia de HGO comienza el 23 de julio de 1919, en una casa en la esquina de Belgrano y Pichincha. El mismo lo cuenta en una autobiografía que escribió en forma de guión en 1958, en el momento de su esplendor, cuando él y su hermano -dueños de su propia editorial- publicaban tres revistas de historietas y trabajaban como guionistas junto a los mejores dibujantes: Hugo Pratt, Alberto Breccia, Francisco Solano López.
Durante su vida se había dedicado a leer todo lo que le pasara por enfrente, a estudiar Geología en la universidad, escribir desde cuentos infantiles hasta textos de divulgación científica, a trabajar como corrector en el diario La Prensa. A comienzos de la década del '50 conoció a Elsa Sánchez, que en ese momento tenía 17 años. Fue cuando empezaba a componer sus primeros guiones de historietas: Bull Rocket, Sargento Kirk, El Indio Suárez. La segunda mitad de la década del '50 y los primeros años de la del '60 fueron la época de oro de la historieta argentina. Y el caldo de cultivo para la producción de la que se transformaría en la obra cumbre del género.

Historia de la eternidad
El 4 de septiembre de 1957 salió a la calle el número 1 de la revista "Hora Cero Semanal" y, en ella, las primeras tres páginas de una nueva historieta. Su nombre: El Eternauta. Desde ese momento y durante los más de dos años que duró, la saga —con el guión de HGO y los dibujos de Francisco Solano López— torcería para siempre el rumbo de la historieta argentina.
Cuenta la leyenda que, ante el surgimiento de la nueva publicación, HGO había llamado por teléfono a Solano para preguntarle qué historia le gustaría dibujar. "Haceme una de ciencia ficción", fue la respuesta. "El ya estaba gestando una historia que se iba a llamar El Eternauta, pero la pensaba para una novela", cuenta Elsa Sánchez, la viuda de Oesterheld. Sin embargo, allí fueron los guiones a pedido del dibujante: la trama de una invasión extraterrestre que tenía como epicentro Buenos Aires. Una obra en la que "se sintetizan y culminan todas las búsquedas del guionista Oesterheld en el campo de las posibilidades de la aventura", según afirma Juan Sasturain en su libro "El domicilio de la aventura".
¿Por qué tanto éxito? "Lo realmente logrado de 'El Eternauta' es una combinación en una historia tan profunda y conmovedora como atrapante y entretenida", sostienen Judith Gociol y Diego Rosemberg en el libro "La historieta argentina". Además, por primera vez, la acción ocurría en Buenos Aires. "Ver a los monstruosos gurbos rompiendo todo en el subte que iba a Catedral era impresionante", describe el guionista Carlos Trillo a Clarín.com. "Las batallas de la cancha de River y del Congreso Nacional nos dejaban boquiabiertos, igual que leer en las paredes de la ciudad los carteles de la reciente campaña electoral, que decían 'Vote Frondizi'", agrega.
"Yo tenía la suerte de leer 'El Eternauta' antes que nadie", explica Elsa Sánchez a Clarín.com. "El escribía con unos signos que sólo él entendía. Después los pasaba y me los daba: 'Tomá, a ver si te gusta'. A mí nunca me gustó mucho la ciencia ficción, pero esa historia... ¡no lo podía dejar!", cuenta. "El Eternauta parece ser uno de esos casos en que el protagonista se despega de sus autores y vive sus propias reglas", dice Solano López. "En realidad, el ámbito en el que se desarrolla la saga es una especie de virtual mesa redonda en la que participan escritor, ilustrador, editor y público lector. Un verdadero diálogo, con acuerdos, desacuerdos, encuentros y desencuentros". ¿Es —como sostienen algunos— la mejor historia de ciencia ficción de la Argentina? Para Judith Gociol, coautora de "La historieta argentina" y de "Oesterheld, rey de reyes", que se publicará a fin de este año en España, al menos "es comparable a los cuentos de Borges, de Bioy Casares".
Martín, nieto de HGO, afirma: "Creo que es muy simbólico que mi abuelo haya estado —con la figura de Germán— dentro de la misma historieta, que ésta haya tenido ese final, la desaparición de mi abuelo, esa búsqueda de la familia... Es todo una ensalada, yo no puedo dejar de leerlo de una forma muy personal. Ese Continum (una dimensión paralela a la que viaja el Eternauta) es ese limbo, ese estado de poca certeza en el que vivimos todos nosotros".

Ellos
Durante la década del '60, Oesterheld asumió un compromiso político cada vez más claro y firme. La versión de la vida del Che Guevara, en 1968, y una reescritura de "El Eternauta" con claras alusiones políticas contra los imperialismos, en 1969, fueron sólo botones de muestra de las opciones ideológicas por las que se había inclinado. En los años '70, las cuatro hijas del narrador se habían volcado a la militancia política en la organización Montoneros, y él las había seguido. Redactó guiones para publicaciones como "Noticias" y "El Descamisado", y fue miembro del comité de prensa de la agrupación. Para cuando se produjo el último encuentro con Elsa, en el bar "La Fragata", hacía tiempo que había abandonado su casa. "Al final, cuando ya andaba clandestino, yo creo que él era un personaje de esos a los que él estaba acostumbrado", cuenta su nieto. "Metía una moneda en los teléfonos públicos y ¡dictaba el guión entero! Era una cosa fascinante", añade.
El 27 de abril de 1977, Oesterheld fue secuestrado por un grupo de tareas de las Fuerzas Armadas. Según la declaración de numerosos testigos, pasó por los centros clandestinos de detención de Campo de Mayo, "el Vesubio" y el "Sheraton". En este último, estuvo junto con otros intelectuales y artistas, como Roberto Carri y el cineasta Pablo Szir. Allí le pidieron que se hiciera cargo de una historieta sobre el ejército sanmartiniano. "Lo que hizo fue garabatear para ganar tiempo", cree Martín. Y se pregunta cómo puede ser que a nadie se le haya ocurrido hacer una película que recree la vida de su abuelo. También habla de los distintos proyectos de llevar al cine "El Eternauta", ya que ahora hay un proyecto de una
productora italiana para realizar un filme. Cree que una adaptación cinematográfica no puede ser igual a la historieta, no puede ser una mera transcripción del cómic en la pantalla. "Por ejemplo, creo que no puede no incluirse en la película el final que tuvo mi abuelo, la desaparición", dijo Martín.
Para que nadie continuara la historia del Quijote con aventuras apócrifas, Cervantes decidió matar a su héroe. Oesterheld no lo hizo. Quizá por aquello del prólogo a "El Eternauta": "El único héroe válido es el héroe 'en grupo', nunca el héroe individual, el héroe solo". Juan Salvo sigue vivo y, de alguna manera, él también. Porque a historias como la suya no se les puede imponer desde afuera un punto final, como las bestias pretendieron. Historias como la suya siempre se guardan para el final un continuará...

El final
Eduardo Arias, un sobreviviente del centro clandestino de detención conocido como "Sheraton", contó a la Conadep que allí convivió con Oesterheld entre noviembre de 1977 y enero de 1978. "Su estado era terrible", se lee en el "Nunca Más". "Permanecimos juntos mucho tiempo. (...) Uno de los recuerdos más inolvidables que conservo de Héctor se refiere a la Nochebuena del '77. Los guardianes nos dieron permiso para sacarnos las capuchas y para fumar un cigarrillo. Y nos permitieron hablar entre nosotros cinco minutos. Entonces Héctor dijo que por ser el más viejo de todos los presos, quería saludar uno por uno a todos los presos que estábamos allí. Nunca olvidaré aquel último apretón de manos. Héctor Oesterheld tenía sesenta años cuando sucedieron estos hechos. Su estado físico era muy, muy penoso".
No se sabe a ciencia cierta cómo fue la muerte de Oesterheld, aunque se supone que fue en 1978. Tampoco pudo "salvar a las chicas": sus cuatro hijas y sus dos yernos también fueron víctimas del horror. Dos de ellas estaban embarazadas y no se conoce el paradero de sus hijos, que hoy deben tener 29 y 30 años, respectivamente. Del desastre familiar, sólo quedaron Elsa y sus nietos Martín, a quien ella crió, y Fernando, que fue adoptado por sus abuelos paternos y pasó su infancia en Pergamino.