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Spinetta desparramó arte y potencia rockera
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Por Ernesto Klass

Spinetta desparramó arte y potencia rockera
Con un trío de excelencia, el guitarrista y compositor coronó una noche perfecta en el Teatro Alberdi, donde un auditorio feliz lo despidió de pie.
Frente a un Teatro Alberdi otra vez repleto de espíritus anhelantes, Luis Alberto Spinetta
dibujó el miércoles otra noche de encanto musical y poético junto a un trío que enmarcó con arte y potencia rockera la magnética figura del guitarrista. Tras el deslizamiento del telón y antes de que acorde alguno quebrara la hermosa expectativa, el músico lanzó la primera alocución de la noche acerca de la campaña de seguridad vial fogoneada por los padres de los chicos muertos en un accidente de Santa Fe, actitud sostenida por el uso de una pechera alusiva que el Flaco no se quitó en ningún momento y el pedido reiterado a los concurrentes para que firmaran un petitorio colectivo sobre esa cuestión vital.
Portando un humor eléctrico que dejó fluir siempre entre tema y tema, el artista abordó casi una veintena de temas de ahora y de siempre, atravesando climas, picos y mesetas en los que su voz -aunque no en plena forma esta vez-, su guitarra, su manera inconfundible de decir, susurrar o gritar las letras y sus músicos armaron una máquina cancionera casi perfecta.
El trío instrumental -nadie hizo coros- fue el mismo del doblete del año pasado en el coliseo universitario: Noelia Nicotra en el bajo absorbió oídos y miradas desde una impecable base; Claudio Cardone aportó armonías sutiles e inspirados solos desde los teclados y los sintetizadores; y Sergio Verdinelli, que desde la batería aportó rotunda belleza rítmica al marco y levantó los aplausos más cerrados del encuentro.
Desde A Starosta El Idiota hasta La Herida de ParÍs, un público variado de entre 20 y 50 años se dejó conmover con Sin Fin, Resumen Porteño, Contra todos los Males de este Mundo, Cabecita Calesita, Jardín de Gente (disco doble con los Socios del Desierto), Espuma Mística, Pequeño Angel (La, La, La), Laura va (primer disco de Almendra), el sobrio y bello Todos Estos Años de Gente (también de La La La), el siempre colectivo Durazno Sangrando, Grisel, que interpretó de maravillas (aunque él mismo haya chanceado que "ese tema, bien cantado, es hermoso"), Yo miro Tu Amor (Para los Arboles), Las Cosas tienen Movimiento (de Fito Páez), el armónicamente despojado pero siempre llegador Seguir viviendo sin tu Amor y Ana no Duerme.
En la mitad, Cardone volvió a marcar dos aguas con un lindo solo de piano.
Fue una noche perfecta en la que, una vez más, los empleados del Teatro Alberdi -que pertenecen al sector no docente de la Universidad Nacional de Tucumán- trabajaron y prestaron colaboración "por respeto al artista" en medio de un duro conflicto gremial por el cuestionado "reencasillamiento" gremial. Esa actitud fue debidamente valorada por Spinetta en el arranque de la fiesta.
En el foyer, el productor Gabriel Fulgado se veía orondo (“esto lo hago por la gente y por mí”, le comentó a EL SIGLO), pese a que había tenido que duplicarse para comandar, a la misma hora en el Colegio Sagrado Corazón, la también exitosa presentación de Los Cafres.

Spinetta junta firmas
(Diario La Gaceta)

Cuando se bajó del taxi -exactamente a las 22-, y entraba al teatro por calle Jujuy, bromeó con algunos de sus fans que lo esperaban y les recomendó: “vayan a otro show que este estará horrible”. A los 15 minutos, Luis Alberto Spinetta apareció en el escenario ante el aplauso generalizado, con un chaleco particular; y comenzó su campaña de “Conduciendo a conciencia”, recordando la tragedia en Santa Fe de hace 10 meses. “Si ustedes quieren tener mi autógrafo, yo ahora quiero la firma de ustedes”, reclamó, al referirse a un petitorio demandando una ley de seguridad vial que se firmaba en el hall del teatro Alberdi. Luego tuvo que agradecer al personal del teatro, en conflicto por el tema del reencasillamiento. Y de ahí para adelante comenzó el intercambio de chanzas y diálogos con el público, actitud que se extendió durante toda la noche. Y por supuesto -de más está aclararlo- el show no fue horrible, sino tranquilamente exquisito.
“El Flaco”, de muy buen humor, arrancó con “A Starosta, el idiota”, poniendo énfasis en la letra final “vámonos de aquí” (un guiño al poeta Artaud), y siguió con canciones de su último disco “Pan”, como “Sin fin”, “Cabecita calesita” y “Contra-tutti”. De repente, pegó una vuelta al pasado, con “Resumen porteño”, para el deleite de una sala colmada mayoritariamente por un público adulto que le pidió , nostalgiosamente, temas de otras épocas.
Junto a su guitarra y su voz, que continúa intacta e inalterable, acompañaron a Spinetta, Claudio Cardone en teclados, Nerina Nicotra en bajo y Sergio Verdinelli en batería.
Cuando promediaba la hora del concierto, luego de “Jardín de gente”, logró crear uno de los climas más íntimos y poéticos de la noche, cuando interpretó con Cardone únicamente, “Pequeño angel” (mientras Verdinelli y Nicotra descansaban tomando Gatorade tras las bambalinas). Después fue el tiempo de su desgarradora “Grisel” -que sigue emocionando profundamente-, “Blues de Cris” y “Las cosas tienen movimiento”, una canción de Fito Páez. “Love of my life” y “Durazno sangrando” fueron previas para las extraordinarias versiones que brindó de “Ana no duerme” (quizá el tema en el que más energía puso el “Flaco”) y de “Seguir viviendo”, ya en el cierre.
El bis -casi exactamente a la medianoche-, con “Atado a tu frontera”, trajo un solo de guitarra de antología, y aunque en los papeles estaban anotados dos temas más, Spinetta ya no quiso regresar al escenario.