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Todo empezó en los sesenta
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por Jorge Fondebrider / Diario Clarín - Suplemento Ñ

Todo empezó en los sesenta
La época y los cambios

Muchos de los datos del mundo actual provienen del pasado. No pocos corresponden, específicamente, a circunstancias que tuvieron lugar durante la década de 1960, cuando una generación de jóvenes, cargados de ideología, reinventó la vida y el arte (música popular, cánones de la moda y el diseño), en una operación que llega incluso hasta nuestro presente. En las páginas que siguen, la actualidad de esas marcas.
Ya se trate de hechos trascendentes o triviales, los elementos constitutivos de cada época dependen del resultado de batallas libradas en épocas precedentes. Entonces, así como, según criterios políticos y presupuestos ideológicos particulares, hubo un día en que, a consecuencias de la Segunda Guerra, el planeta fue parcelado de una forma determinada, también hubo una vez en
que, por caso, las mujeres comenzaron a usar la falda por encima de la rodilla. Hoy, con un planeta vuelto a dividir muchas veces y con menos esperanzas que hace cuatro décadas, se cumplen cuarenta años de, por ejemplo, el Summer of Love ("Verano del Amor"), pináculo del hippismo y de la cultura pop, y en el mundo entero se recuerda lo que ocurrió en ese entonces. También se celebra la aparición de un disco que contribuyó a cambiar nuestra percepción de la música. Ambos hechos, claro, están ligados.

Ambos lados del Atlántico
La historia se resume en estos términos: en diciembre de 1965, los Beatles editaron Rubber Soul, su sexto álbum. Según cuenta el crítico Barry Miles en su magnífica biografía de Paul McCartney Many Years from Now (de la que existía una muy buena traducción castellana en Emecé que la editorial Planeta, sin criterio de catálogo, decidió saldar), Brian Wilson, el compositor y líder del grupo estadounidense The Beach Boys, vivía obsesionado por emular a Lennon y McCartney y, en mayo de 1966 -mientras los Beatles se encontraban grabando Revolver, su próximo álbum- editó con su banda Pet Sounds. El disco fue considerado por críticos y músicos como uno de los mejores de la historia. Tal fue también el punto de vista de Paul, quien, a su vez, quiso emular a Wilson. "A menudo oía Pet Sounds -dijo McCartney- y lloraba. Se lo hice oír tantas veces a John que sería difícil que hubiese conseguido escaparse de su influencia. Era el disco de ese momento". Y ese momento era, justamente, el del último concierto público de los Beatles, que tuvo lugar el 29 de agosto de 1966. Para entonces, ya estaban experimentando nuevas maneras de hacer música que, en esa época, sólo podían lograrse en el ámbito cerrado de los estudios de grabación. De hecho, cansados de ser los Beatles, un día decidieron que sus próximas canciones fueran interpretadas por la Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (la Banda de Corazones Solitarios del Sargento Pimienta), una suerte de alter egos deformes y festivos. En palabras de George Martin, su productor, "la mera existencia del Sgt. Pepper se puede justificar por un motivo psicológico, porque en el disco aparecía otra entidad, algo alejada de ellos. Era como si no fueron ellos mismos los que hacían el disco".
El 1º de junio de 1967, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, el octavo álbum de los Beatles, salió en el Reino Unido. Era el resultado de 129 días en los Abbey Road Studios, de Londres. Rápidamente cientos de grupos trataron de descubrir la manera de copiar toda esa parafernalia de efectos especiales y el mundo se llenó de exégetas dispuestos a interpretar los menores detalles de las letras. Pero mientras todo eso sucedía, Paul McCartney ya viajaba a los Estados Unidos para presenciar el Monterey International Pop Music Festival, que tuvo lugar en la localidad californiana homónima, entre el 16 y el 18 de junio de ese mismo año. Fue el primer megafestival de rock, al que asitieron unas 200.000 personas para escuchar a sus músicos favoritos; entre otros, Otis Redding, The Who, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Byrds, Jefferson Airplane, The Mamas & the Papas, Buffalo Springfield y Simon & Garfunkel.

Guerras propias y ajenas
Mientras todo esto sucedía, en el sudeste asiático, se desarrollaba una vergonzante guerra -que los Estados Unidos iban a perder-, que se nutría, justamente, de jóvenes, a quienes, al cabo de unos meses, el gobierno devolvía mutilados, o en un cajón envuelto con una bandera, o, en el mejor de los casos, definitivamente trastornados. En el interior del país, en cambio, se libraba una guerra sorda contra el alistamiento compulsivo, los prejuicios raciales y el orden conservador. A esta luz, las bondades pregonadas por el "sueño americano" -un mundo sustentado por aforismos ramplones y electrodomésticos- ya no les producían ilusión alguna a los hijos de quienes, una generación antes, habían creído en esa fantasía. Ahora se trataba de cambiar la vida y el mundo, y la música, lejos de ser un mero entretenimiento o la excusa para vender gaseosas, estaba cargada de ideología. Dicho de otro modo, entre la trama de una película con Doris Day y lo que dice la letra de cualquier canción de Bob Dylan o del primer disco de The Doors -también de 1967-, había toda una galaxia donde entraban las diferentes versiones de lo que se llamó contracultura: negación del sistema capitalista, opciones políticas no tradicionales, búsqueda de otros modelos de sociedad, alternativas a la religiosidad tradicional, incipiente ecologismo, culto del amor libre, consumo de drogas para expandir la conciencia, etc.

El mundo alrededor
Hay que decir que todas esas transformaciones no fueron patrimonio único de los jovenes estadounidenses. En Gran Bretaña, detrás de una fachada de profundo hedonismo y acaso con un nivel de reflexión más importante, ocurría otro tanto. Por su parte, los estudiantes de Francia y Alemania preparaban su propio modelo de revolución cultural para el año siguiente. Mientras tanto, en Latinoamérica, luego del triunfo de la Revolución cubana de 1959, el socialismo en castellano se anunciaba por primera vez posible y todo el subcontinente acusaba inmediato recibo. Así, al tiempo que algunos jóvenes en Buenos Aires se reunían en el Instituto Di Tella de la calle Florida o en La Cueva de la avenida Pueyrredón, con el objeto de inventar una nueva versión del mundo, otros seguían con atención la Revolución Cultural china o los pasos del Che Guevara en Bolivia, quien habría de ser asesinado apenas unos meses después de la publicación de Sgt. Pepper's y de la realización del festival de Monterey.