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Spinetta lidera a músicos que defienden a campesinos argentinos
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Buenos Aires, Agosto 28, (AFP)
Populares músicos argentinos, entre ellos varios roqueros, denunciaron la venta ilegítima de tierras en el país, durante un concierto en la provincia de Catamarca (noroeste), en defensa de unas 120 familias campesinas amenazadas con perder su lugar de vivienda y trabajo.
"Catamarca suena por las tierras argentinas", fue el lema del concierto ofrecido durante dos noches el fin de semana en un escenario montado en el dique El Jumeal, en las afueras de la capital de Catamarca, a 1200 km al noroeste de Buenos Aires, informaron este martes los organizadores.
Roqueros consagrados como Luis Alberto Spinetta, Bahiano y la banda Ratones Paranoicos, junto a los reconocidos folcloristas Jaime Torres y 'Chango' Spasiuk le pusieron voz al reclamo.
"No a las ventas ilegítimas de tierras, no a la contaminación de las minas", lanzó Spinetta, autor de legendarias canciones como "Muchacha ojos de papel" y "Ana no duerme".
Spinetta fue líder de históricas bandas de rock de Argentina como Almendra, Invisible y Spinetta Jade, entre otras.
El concierto respaldó el reclamo de unos 800 pobladores de nueve comunidades, que desde hace varios años resisten la venta de sus tierras ancestrales a una empresa de capitales argentinos y estadounidenses, en la zona de Taco Pampa, al sur de Catamarca.
Una situación similar ocurre en numerosas regiones de Argentina, donde campesinos habitan y hacen
producir tierras pasando de generación en generación, pero sin detentar nunca títulos de propiedad, por lo que ahora son expropiadas y vendidas como tierras fiscales.

CATAMARCA SUENA"
Montaña de fe
Por Javier Firpo / Diario La Razón

Spinetta, Bahiano, Juanse, Spasiuk y Jaime Torres actuaron el fin de semana en la provincia para protestar por la venta de tierras en las que viven cien familias.
Nombres fuertes de la música desembarcaron el fin de semana en San Fernando del Valle de Catamarca, ofrendando una dosis de alegría a una ciudad sufrida y abnegada por el pasado y el presente. Hoy, algo venida a menos, la capital provincial es una de las de mayor índice de desempleo del país, pero su pueblo no baja los brazos y se aferra con uñas y dientes a la fe con una profunda devoción hacia la Virgen del Valle.
En medio de la aridez de un clima helado que resquebraja, hubo lluvia después de mucho tiempo. Apenas una garúa, pero todo un acontecimiento que sirvió como preludio de otra infrecuente iniciativa: la presencia de artistas como Luis Alberto Spinetta, Bahiano, Chango Spasiuk, Los Ratones Paranoicos y Jaime Torres, que actuaron en el paradisíaco mirador del Dique El Jumeal, en las afueras de la capital, en un evento gratuito y al aire libre que fue bautizado como "Catamarca suena, por las tierras argentinas".
No se trató de un festival más. Hubo una razón solidaria que requirió apellidos de peso para sustentar una cruzada que, a priori, no es sencilla. Es así: en 2003, una empresa norteamericana compró, en una operación poco clara, 116 mil hectáreas del departamento de La Paz, por la irrisoria cifra de 400 mil dólares. Claro, en la transacción no se tuvo en cuenta que 100 familias están afincadas allí desde hace unos 150 años. Si bien los nuevos dueños aún no tomaron posesión, surgen distintos grados de intimidaciones, como la presencia de topadoras y helicópteros que alteran la tranquilidad natural. "Si los sacan de allí terminarán en una villa miseria. Hay que tener en cuenta que es gente muy humilde pero autónoma, que vive del trabajo de la tierra y de la producción del ganado, sin planes trabajar ni ningún subsidio del gobierno", señaló el vicegobernador Hernán Colombo, que fue el generador del encuentro.
La música arrancó el sábado, con una atractiva velada folclórica protagonizada por Spasiuk y Torres, y siguió ayer, más vigorosa, con el Flaco Spinetta, Bahiano y Juanse, junto a Los ratones paranoicos. Cada uno tuvo palabras alusivas al objetivo central: las tierras amenazadas. Y en lo que dijo Spinetta se engloba el pensamiento solidario de todos. "No hay que permitir este robo. Es esencial que luchemos para preservarlas".
El reparto de whisky, aguardiente y empanadas de carne picante ayudó a combatir el frío. La nutrida concurrencia se deleitó con la actuación de un Spinetta especialmente inspirado, dueño de una voz impecable y de una actitud sincera y comprometida como pocas veces. El Flaco hizo temas como "Jardín de gente", "Durazno sangrante", "Ana no duerme" y "Seguir viviendo sin tu amor", que bañaron de entusiasmo a un público más bien introvertido. "Loco, me cago en el rock y en lo que sea... No hay nada en el mundo que me importe más que el amor por la patria, y nuestros derechos. Ojalá pueda ver algún cambio antes de irme de este mundo", clamó Spinetta.
La lucha por las tierras, gracias a la convocatoria, se instaló a nivel nacional. En medio de la montaña sonaron los primeros ecos de esperanza por una causa que no está perdida.

Y Catamarca sonó fuerte
Actuaron, entre otros, Spinetta, Bahiano y Juanse. Se hizo para difundir un conflicto por la posesión de tierras.
Diario Clarín

Con la actuación de Luis Alberto Spinetta, el Bahiano y Los Ratones Paranoicos, el domingo finalizó "Catamarca suena (por las tierras argentinas)", un festival gratuito que se realizó el fin de semana en el mirador del dique El Jumeal, en las afueras de la capital provincial.
"Tenemos que conservar hasta el fin la tierra de aquéllos que nacieron, vivieron y construyeron acá", expresó Spinetta desde el escenario. Se refería al motivo de su presencia en el lugar: el festival fue organizado por la Cámara de Senadores catamarqueña para instalar a nivel nacional el conflicto por la posesión de tierras de los campos de Taco Pampa-Merced de Figueroa.
Se trata de la compraventa, en una operación poco clara, de 116.300 hectáreas en el departamento La Paz, en plena zona de Salinas Grandes, en los límites de Catamarca con Córdoba y La Rioja. Unos 170 pequeños productores agropecuarios están asentados en los parajes de El Quimilo, El Silo, San Isidro, San Agustín, San Lorenzo, El Aybal, Casa de Piedras, Las Esquinas y Palo Santo. Sus familias están afincadas en la zona desde hace más de un siglo, y el Estado provincial mantiene escuelas, centros sanitarios, puestos policiales y pequeñas capillas. A fines de 2003, una firma de capitales texanos compró esos campos por 407.050 dólares a seis personas domiciliadas en la Capital Federal y desconocidas por los viejos pobladores. Los vendedores dicen tener los papeles en orden, y se apoyan en la documentación obrante en la Dirección de Catastro de Catamarca.
Para difundir el conflicto y evitar que se repita en otros territorios del país, se convocó a los músicos. Y ellos respondieron con su arte. Spinetta recorrió temas clave de su carrera, como Durazno sangrando, Laura va, Todos estos años de gente y Ana no duerme, y otros más actuales, como Jardín de gente y Cabecita, calesita. Por su parte, el Bahiano cantó temas de su etapa en Los Pericos (Home Sweet Home, Waiting) y covers de Soda Stereo y Los Rodríguez. Pero el que se llevó todas las ovaciones fue Juanse, quien terminó cantando con el torso desnudo trepado a la estructura tubular que sostenía el techo del escenario al aire libre.
El sábado había sido una jornada folclórica. Con la conducción de Bebe Contepomi, abrió el encuentro la cantante catamarqueña Silvia Pacheco, quien interpretó clásicos de la música popular argentina. Luego, Jaime Torres y su banda tocaron carnavalitos, zambas y huaynos. Y el Chango Spasiuk hizo bailar a la gente con títulos como El camino, La ponzoña, Josefina o El prostíbulo. El final fue con ambos juntos, a pura fiesta.

Nosotros no vamos a dar el brazo a torcer

La historia detras del festival “Catamarca suena, por las tierras argentinas”
Spinetta, Jaime Torres, Chango Spasiuk, el Bahiano, los Ratones Paranoicos y la catamarqueña Silvia Pacheco le pusieron voz al reclamo de cerca de 800 personas que corren peligro de perder sus tierras, vendidas en forma irregular a una empresa con capitales nacionales y estadounidenses.
Por Karina Micheletto desde Catamarca / Diario Página 12

“Apoyando a los pobladores de El Quimilo, Departamento de La Paz, en la lucha por sus tierras”, anuncia el modesto cartel, un pasacalle acomodado debajo del escenario. Al lado, una cartulina completa, con letras de marcador fosforescente: “El Clérigo presente. Y Pozo Verde”. El Quimilo, El Clérigo y Pozo Verde son tres de los 16 parajes rurales del sur de Catamarca que fueron vendidos de un día para el otro dentro de una transacción de 116.400 hectáreas. Adentro de esas hectáreas compradas desde lejos, y gracias al traspaso de títulos anteriores a la época de la Colonia, no sólo quedaron los ranchos, corrales y tierras de pastoreo de unas 120 familias, poseedoras de estas tierras áridas y salitrosas por vivir en ellas y haberlas hecho producir desde hace más de cien años: también hay una escuela y un registro civil. Detalles, al parecer, para los compradores, y para un Estado que mira para otro lado en situaciones que se repiten en otros lugares de Catamarca, y en otras provincias del Norte argentino. A la hora de echar de sus tierras a todos estos detalles no explicitados en los boletos de compraventa, los procedimientos varían en las estrategias y la brutalidad de la puesta en práctica. La tragedia anunciada es una sola.

Música por las tierras
La vicegobernación y la Cámara de Senadores de Catamarca decidieron dar visibilidad al conflicto que hoy atraviesan los pobladores de estas tierras recurriendo a la música. El fin de semana pasado, el Festival Catamarca suena, por las tierras argentinas reunió a artistas de distinto origen: Luis Alberto Spine-tta, Jaime Torres, Chango Spasiuk, el Bahiano, los Ratones Paranoicos y la catamarqueña Silvia Pacheco (ver aparte). Fueron los encargados de ponerle voz al reclamo. Cada uno a su modo, todos adhirieron a la consigna que nuclea la defensa de los “nacidos y criados” en estas tierras.
“Por un momento, la atención está puesta en una situación injusta. Sería romántico esperar que todo lo injusto se revirtiera. Pero las pequeñas acciones y los pequeños gestos pueden crear la base para encontrar otra manera de comunicarnos y de vivir”, expresó, por ejemplo, Chango Spasiuk. “La gran diferencia que podemos marcar está en dónde nos paramos frente a la injusticia, y cuáles son las acciones y gestos que podemos hacer en cada caso”, advirtió, agradeciendo formar parte del Catamarca suena. Spinetta fue algo más categórico: “Me cago en el rock”, explicó. “Pero no en nuestra patria, y en poder verla antes de morirme como debería ser. No a las ventas ilegítimas de tierras, no a la contaminación de las minas”. “¡Así sea!”, sobresalió el grito de alguien entre el público, reafirmando el costado gurú que porta la figura de Spinetta, quizá la última estrella (con todo lo que eso significa) del rock argentino.

Del lado de los malos
En la zona en conflicto, conocida como Taco Pampa, al sur de la provincia, ocurre lo que en tantos lugares del país: la tenencia de las tierras jamás fue legalizada, con lo cual la población que vive allí desde hace años, y que mantiene sus lugares de pastoreo de generación en generación, no tiene forma de presentar ante la Justicia un papel que nunca tuvo. En principio, nada impidió que el 12 de diciembre de 2003 se transfiriera el dominio de 116.400 hectáreas de la zona sur del departamento de La Paz, por un valor de 407.050 dólares, a la empresa Los Poquiteros S. A., conformada por capitales nacionales y estadounidenses, con domicilio legal en Bariloche.
“Desde el punto de vista territorial, la adquisición incluye el 36 por ciento del Departamento de La Paz, que a su vez constituye el cuarto departamento en importancia en la provincia de Catamarca en cuanto a superficie”, advierte un informe elaborado por el equipo de gestión de la vicegobernación de la provincia. “En la compra señalada, se incluye el campo de pastoreo de nueve comunidades, habitadas por aproximadamente 800 pobladores, la mayoría pequeños productores cabriteros”, se detalla.
Peter Lee Mc Bride, representante de la empresa compradora, se mudó a Catamarca dos años atrás, luego de la transacción de venta de las tierras. Desde entonces vive en un hotel cuatro estrellas de la ciudad, pero la suya es una presencia familiar para los pobladores de El Quimilo y los parajes cercanos. A doña Estela Toledo, por ejemplo, se lo presentó la policía: él mismo acercó en su camioneta a los efectivos que querían convencerla de que, por el bien de todos, lo mejor era que dejara que la topadora tirara abajo el cerco del corral de la casa de su hijo, siguiendo la ruta de desmonte fijada. Doña Estela cuenta la historia con picardía en su acento arrastrado, bien cerradito, musical: “El me ha dicho que es de Texas, y que de donde él viene la gente se divide en buenos y malos”, cuenta. ‘Ah, bueno... –le he dicho yo–. Pues entonces usted debe venir del lado de los malos...’”. En San Isidro, donde ocurrió esta escena, viven seis familias, todos parientes entre sí.

Los que no bajan la mirada
La ruta que lleva hacia el sur de Catamarca va mostrando los contrastes de la provincia: a medida que se avanza la vegetación se hace más rala y escasa, el suelo más arenoso y seco, comienzan a predominar los cactus y los arbustos espinosos. Un tipo de cactus aplanado y de largas espinas es el denominado quimilo. Doscientos kilómetros al sur de la capital provincial, en el departamento de La Paz, tomando un camino que parece conducir a la nada, aparece primero la escuela Nº 446, una represa, y luego el caserío alejado. Es el paraje de El Quimilo. Allí viven unas 16 familias, todas pequeñas productoras cabriteras, poseedoras de entre 100 y 400 animales cada una.
Aquí la tierra es reseca y salitrosa; para conseguir agua hay que extremar el ingenio y el esfuerzo. Toda la explotación posible de estas tierras es la que llevan adelante estas familias. Para que sus cabras y vacas encuentren alimento necesitan mantener grandes extensiones comunales, como lo hicieron durante generaciones. De las 116.400 hectáreas compradas en 2003, unas 50 mil son las que entraron en conflicto: aquellas que ocupan las viviendas y corrales de las familias, más las que necesitan para el pastoreo de su ganado, es decir, para sobrevivir.
En la casa de doña Inés Montivero todas las semanas se reúnen los miembros de la recientemente formada asociación Los ganaderos, para discutir las estrategias a seguir. Los 23 miembros activos de la asociación se saben los primeros de la zona en enfrentar un problema que ahora está apareciendo en otros puntos del departamento, como La Zanja, La Dorada o Garay, con diferentes compradores y el mismo esquema. No todos estuvieron de acuerdo con oponer resistencia, y tampoco es tan fácil: algunos aceptaron que avancen los cercos y las topadoras a cambio de diferentes promesas, otros cedieron a distintas estrategias de amedrentamiento o dieron por hecho que tenían que aceptar lo que viniera. Desde hace un tiempo, cada tanto sobrevuela la zona un helicóptero, muy bajito, que espanta las majadas. “Ahora sabemos que cuando aparece el helicóptero tenemos que ir a hacer la denuncia a la comisaría. Y que si ahí no la quieren tomar, como nos pasaba antes, tenemos que hacerles la denuncia a ellos”, explica René Romero. Para radicar cada denuncia, los productores tienen que hacer, por lo menos, 55 kilómetros hasta la comisaría de Esquiú. Desde que los pobladores de la zona tienen asesoramiento legal, las denuncias y contradenuncias con la empresa compradora se acumulan, armando fascinantes relatos a lo García Márquez. René Romero describe uno: “Cuando hemos empezado a cercar nosotros nuestros campos, para mostrar hasta dónde llegan, el yanqui nos ha hecho una denuncia en Medio Ambiente de la provincia: nos ha llegado la multa por usar los palos de algarrobo. A los pocos meses la misma secretaría le ha autorizado a él el desmonte de 600 hectáreas”. La estrategia actual va por dos caminos: por un lado, el judicial. Por el otro, un proyecto de expropiación que duerme en la Cámara de Senadores, con media sanción. “Pero eso sería dar el brazo a torcer y no lo vamos a hacer”, advierten en El Quimilo. “Nosotros no queremos que el Estado expropie las tierras. Queremos que reconozca que son nuestras.”
“Ahora sabemos que hay una ley veinteñal que nos ampara. Somos poseedores porque por más de veinte años cuidamos y trabajamos nuestra tierra”, explica Ricardo Contrera. Este argumento, enunciado con claridad didáctica, es la base de la defensa jurídica del caso que se dirime en la Justicia federal (la primera jueza que intervino se excusó luego de extrañas idas y vueltas). Los pobladores de El Quimilo hablan de amparos, medidas de no innovar y pedidos de audiencia al gobernador con un manejo técnico que sorprende. No miran para abajo cuando le hablan al que viene de afuera. Tampoco piden nada: ni ser escuchados, ni mostrar lo que les falta. Muestran la dignidad de los que se saben poseedores de una verdad. Algunos ya pensaron lo que van a hacer si algún día pierden sus tierras. Otros dicen que no lo piensan, porque no es una posibilidad. Hablan de luchar hasta el final.
Catamarca tiene 360 mil habitantes, algo así como cuatro puntos de rating. El índice de desempleo de la provincia es del 14%, y el 17% de la población económicamente activa vive de los planes Jefas y Jefes de Hogar. Las cerca de 800 personas que habitan las tierras en litigio viven de lo que producen, fundamentalmente la venta de cabritos, sin pedirle nada a nadie. Si las topadoras avanzan, no sólo se quedarán sin vivienda, también sin forma de sostenerse. El destino más que seguro que se visualiza son las villas miseria del Gran Catamarca y la dependencia de los subsidios del Estado.