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Satirizamos lo que amamos
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Por Emanuel Respighi

“Satirizamos lo que amamos”
Diego Capusotto, Pedro Saborido y su programa de rock.
El dúo de Peter Capusotto y sus videos analiza lo que se verá en la nueva temporada, con un espíritu que sirve para alimentar la creatividad: “Somos medio neuróticos, siempre pensamos que lo que hacemos es lo último”.
No es un típico programa de rock. Aquí no hay VJs con voz gangosa, peinados y vestidos como indican las normas de la moda impuestas por la factoría MTV. Ni siquiera se emiten videoclips de las bandas “del momento”: en ese viaje al pasado musical, los ’60, ’70 y ’80 tienen un lugar –el único de la pantalla chica– privilegiado, en el que postergados u olvidados grupos recuperan su lugar en la mediática escena rockera con un estilo, una expresión artística y un sonido que ya no es, pero que vale la pena volver a escuchar. Todo ese cóctel musical –ideal para el melómano–, condimentado (¿o es al revés?) por la hilarante visión deformada de la realidad que saben construir Diego Capusotto y Pedro Saborido, una dupla creativa que hace de la sátira un estilo de vida, capaz de
cruzar sin prejuicios a leyendas del rock (desde Van Morrison hasta Keith Richards, pasando por Fito Páez y Luis Alberto Spinetta) con la política (con Juan Domingo Perón como protagonista excluyente). Ese inclasificable programa se titula Peter Capusotto y sus videos, un programa de rock, que desde anoche, todos los lunes a las 23 por Canal 7, empezó a desgranar su tercera temporada.
Rupturista de cualquier programa de rock o musical hecho hasta el año pasado, Peter Capusotto... deja de correr detrás del último hit para detener su impiadosa mirada sobre el pasado, pero sin que ello conlleve una mirada reivindicativa. El valor del programa que produce y guiona Saborido, y que interpreta y guiona Capusotto, es que logra incluir bajo la misma mirada paródica de Todo x 2$ lo ficcional y lo real sin resquebrajar una estética kitsch que atrae por sí misma. Si en el ciclo de humor que la dupla creó junto a Fabio Alberti y Néstor Montalbano la parodia hacia los medios de comunicación provocaba una identificación más cercana del público con lo que veía, en Peter Capusotto... la sátira hace foco sobre la política y el rock. “La deformación de la realidad está más clara en este programa porque se muestra el video de la banda de rock y después la parodia sobre el movimiento rockero en general, no sobre la banda. Se ven los dos registros”, analiza Capusotto. “Peter... es un programa acotado a una cultura. No es un ciclo para cualquiera. Lo interesante es que pibes de 20 años puedan toparse con bandas que no sólo nunca escucharon, sino que ni siquiera oyeron nombrar. Se pasan videos viejos, pero no para reivindicar una época. No se hace una cultura de lo retro. Simplemente ponemos videos de la misma manera que uno pone un disco en su casa”, subraya Saborido.
Claro que además de ser un ciclo de rock, Peter Capusotto... es también un ciclo de humor, no exento de las criaturas made in Capusotto, como Roberto Quenedi, Juan Carlos Pelotudo, Pomelo o Luis Almirante Brown. “Nosotros nos aburrimos de los personajes o sketches antes que la gente”, dispara Saborido, el hombre detrás de Todo x 2$, Qué noche Bariloche! y Peter Capusotto... Por eso, la tercera temporada que arrancó anoche tendrá sus novedades, explicado por el mismo Capusotto: Fabián Crema, “un cantante glamoroso excesivamente sensual”; Los Mellizos del Rock, “que resuelven entre sí la tensión rockera entre el virtuosismo y el sentimiento”; un grupo nazi mirandesco, “cuyo cantante tiene un bigotito como el de Hitler y la gente lo putea y le tira cosas y él no sabe por qué, ¡si le queda lindo!”; un heavy metal mecánico de Flores, “pero que es muy amanerado: una rara especie de Pappo homosexual”. Y entre los temas se harán informes “sobre el histórico enfrentamiento entre el rock y la policía. O sea: ponemos todo por las dudas que sea la última temporada”, subraya Saborido.

–¿Puede ser la última?
Diego Capusotto: –Somos medio neuróticos y siempre pensamos que lo que hacemos es lo último. Es el gran miedo del artista, del creativo: el no tener nuevas ideas, nuevos personajes. No planificamos a largo plazo porque eso te ata a un trabajo que, aunque uno no quiera, tiene que hacerlo por contrato.
Pedro Saborido: –Compartimos el miedo sano a que no se nos ocurra más nada. Es un mecanismo de defensa que tenemos los neuróticos. En Todo x 2$ pasaba lo mismo. Si hoy hiciéramos Todo... sería, probablemente, un programa de ideas más renovadoras de lo que fue la última temporada. Porque, si bien los programas pueden resistir al aire con el mismo o mejor nivel durante buen tiempo, a veces hay que parar para oxigenar la cabeza. El propio medio te va agotando las ideas, te va achatando y cansando física y mentalmente. Trabajar sobre la fórmula es la enfermedad más grande de la TV: hacés dos o tres cosas brillantes y el resto del programa son repeticiones de sketches ya hechos, pero con mejor emoción. La distancia siempre hace bien para renovarse. Si nosotros hubiéramos hecho Peter Capusotto y sus videos durante todo el año, trabajaríamos hoy mecánicamente. Todavía conservamos la honestidad.
–Es la tercera temporada en un año: son el ejemplo argentino de las series estadounidenses...
D. C.: –Nos hemos vendido al capital... casi como buena parte del rock.
P. S.: –Es un equipo muy chico, que no resiste todo un año completo de novedades...
–¿Siempre fueron de trabajar así?
P. S.: –No, lo que pasó fue que el ciclo originariamente fue pensado para media hora semanal en Rock & Pop TV. Y después pasó a Canal 7 y se convirtió en una hora, pero decidimos mantener el equipo porque era la forma de cuidar el programa. Los equipos monstruosos de 15 productores, más que beneficiar, contaminan los programas, los vuelven impersonales.
–¿Y los programadores lo entienden?
D. C.: –En Canal 7 lo entienden porque privilegian un buen programa a la competencia. Es un programa que circula fuera del circuito comercial y de competencia. ¿Contra quién compite Peter Capusotto...? Es un pequeño programa que lo sigue una tribu que lo disfruta y lo comenta en diferentes ámbitos, pasándose los videos o colgándolos de Internet. Una rareza para un medio donde en general no sucede eso porque todo es deglutido como postre. Nadie se va a pasar un casete de Gran Hermano o de Patinando por un sueño. De alguna manera, repite lo que pasó con Todo x 2$.
–Pero ustedes, como artistas, ¿no preferirían que al programa lo siguiera una mayor cantidad de público?
D. C.: –Sí, pero en la TV actual es mejor que el ciclo esté fuera de la competencia, para que la idea original no derive para otro lado y se pierda el espíritu que hace que sea una experiencia disfrutable.
P. S.: –El único parámetro es lo que se nos ocurre a nosotros. Tenemos una idea madre: nos podemos enfermar por hacer un programa mejor, pero no por medir más o por ceder a exigencias externas. No voy a hacer un programa distinto al que quiero para que lo vea más gente. No queremos, como estilo de vida, lidiar a diario con la picadora de carne.
D. C.: –Totalmente, a mí las empanadas me gustan con carne cortada a cuchillo...
–Peter... es un programa inclasificable: se debate entre el rescate de ciertas bandas y la satirización del rock.
D. C.: –Nos gusta satirizar lo que amamos. Es como que un peronista satirice al peronismo. Si lo escuchás a Alberto Rodríguez Saá hablar de peronismo, se vuelve inevitable satirizarlo. Los discursos inmaculados de ahora se vuelven ridículos, sabiendo que el peronismo murió en el ’73. Con el rock pasa algo parecido: uno se siente parte de la cultura rock, ama el rock, pero no puede eludir la existencia de una infinidad de idiotas que se jactan de ser rockeros. Yo me río de “Mi nena me dejó, sólo me queda el blues”. No es lo mismo eso, a los cuarenta años, que “Avellaneda blues”. El programa rescata un espíritu rockero que se perdió: hoy los grupos de rock son una empresa. Preferimos pasar música y videos que no se conocen.
–¿Hay correspondencia entre la música que pasan en el ciclo y sus gustos musicales?
D. C.: –Puede, como no. Hay muchas cosas que no me gustan, pero que reconocemos que marcaron una época. Hemos pasado Emerson, Lake & Palmer, que nunca me fascinó. Lo que sí evitamos son bandas que nos parecen detestables, o que están incorporadas al circuito comercial. Hay una cierta reivindicación al video en el que se ve a las bandas tocando, no a la moderna cinematografía del tema de una banda que se hizo tan extensivo en la actualidad y que no responde a nada. No mostramos a cantantes volando arriba de una sandía, ¿qué es eso? No entiendo la fascinación por el videoclip cinematográfico. No hay mayor placer para el rockero que ver una banda tocando.
–Aún cuando satirizan también esa performance sobre el escenario...
D. C.: –No nos interesa bajar línea rockera. El programa mezcla el testimonial, la música en su estado puro, con la ficcionalización del rock: tomar sus componentes más exagerados y parodiarlos. ¿Qué es el rock? ¿Mötley Crüe, que terminan arriba del escenario con una bandera de Estados Unidos y apoyando la “guerra contra el terrorismo”? Eso es rock, también, aunque sea una basura. ¿Cómo no vamos a satirizar al rock? El rock es un movimiento donde caben desde tipos inteligentes a recontrapelotudos. En el nombre del rock se ha hecho cada mierda...
P. S.: –En la dictadura, el rock era como un refugio. Hubo una idea liberadora del rock, de mirar al mundo de otra manera. Uno tenía la aspiración de pertenecer a ese mundo. Pero está el que se monta a esa idea y el que terminó acoplándose al mundo que decía combatir. En definitiva, el rock es un movimiento tan amplio que uno encuentra virus a cada paso. El programa tiene una mirada impiadosa sobre uno, hay cierta interpelación a que uno tiene que aprender a mirarse como individualidad antes de escuchar lo que te resuena del afuera.
–¿Pero tienen un sentido de pertenencia a ese movimiento?
P. S.: –El programa surgió porque nos gusta el rock.
D. C.: –Nos hemos refugiado en el rock en algún momento, aunque hoy vamos al Lave-rap. A mí me sigue emocionando. Tengo un sentido de pertenencia al rock, pero conservando una mirada crítica. El rock es como el peronismo: un balbuceo de algo que fue. Pero aún se rescatan cosas genuinas. Lo interesante es que también lo ven los rockeros locales, lo que refuerza el sentido de pertenencia. Andrés Calamaro habló bárbaro del programa en su página web.
Spinetta
hizo un comentario en un recital... Se cagan de risa. Y que un rockero se cague de risa de sí mismo significa que el programa va por el camino correcto.
–¿Y también sienten un sentido de pertenencia al humor del Parakultural, aun hoy?
P. S.: –Yo siento que el ciclo tiene una pertenencia mayor al mundo del rock que a algún movimiento de humor. Aun cuando reconozco que Peter... puede ser un pequeño desvío continuista del Parakultural, Cha Cha Cha y Todo x 2$. Pero ésa es una observación foránea, más que interna.
–Pero hay un lenguaje...
P. S.: –Sí, claro: cualquiera de estos números podrían haber formado parte de esos programas, donde también hemos hecho algunas cosas con el rock. Nos sentimos cómodos en el mundo del rock.
- En el imaginario prevalece la idea de que el humor delirante es sinónimo de improvisación. El público cree que hay más divertimento que trabajo. ¿Es así?
P. S.: –No estamos tranquilos si vamos a grabar como venga. Cada tanto nos agarra el cagazo, que hace que uno corra hasta la casa de otro. No planificamos en términos mensuales o anuales. Nos juntamos a pensar ideas y desarrollarlas. A veces las reuniones son de 20 minutos, nos contamos ideas que no nos generan nada, y de pronto nos empezamos a cagar de risa con algo.
D. C.: –Está bueno que la gente piense de esa manera. Los espectadores no nos pertenecen. Uno no hace cosas para que a uno lo sigan como líder espiritual sino para conmover y que cada uno haga su lectura. Yo anoto todo el tiempo ideas y cosas que tal vez no sirven para este programa, pero sí para otro. Hay guiones, pero no los estudio dos días antes sino que los leemos en el momento de la grabación. A lo sumo yo puedo agregarle alguna cosita al guión. En el humor es claro: si algo está mal hecho, no te reís.
P. S.: –No prendemos la cámara y vemos qué onda. Al grabar tenemos claro a qué apuntamos. Incluso, después le agregamos una capa más en la edición.
D. C.: –Si nos ponemos a pelotudear delante de la cámara, nos agarramos a las trompadas y hacemos una bosta. No podemos esperar a que aparezca el duende de la brillantez. Si durante media hora me pongo a bailar y a delirar, no resulta algo gracioso, y la edición se hace imposible.

Recuperar el sentido del humor
Por Eduardo Fabregat

“¡¡Sí!! ¡¡Pomelo es rock and roll!!” Resulta curioso que el mejor programa de rock de la TV venga de la mano de tres personajes que –es obvio– tienen cultura rockera, pero no provienen ni de la producción musical ni del periodismo. Quizá sea esa su gran virtud: sin obviedades, sin deberle respeto o consideración a nadie, Capusotto, Saborido y el coleccionista Iconomidis construyen una cita ineludible para el conocedor del género. No sólo por las perlas que desentierran (¡Joy Division y Gong en TV abierta!), sino por el concienzudo manejo del código para reírse a mandíbula batiente del rock, pero no por ello convertirse en meros payasos, o en instrumentos para denigrarlo. Cuando Pomelo grita “¡Rocanrol, nene!”; cuando Luis Almirante Brown lleva a la práctica su Artaud para millones con estrofas spinetteanas y estribillos de cumbia villera; cuando los informes de “Rock y política” producen una mezcla de hilaridad y asombro por la perfección de lo editado; cuando Roberto Quenedi dispara otra serie de canciones en un inglés de mierda, el rock no queda reducido a un objeto risible, sino que incluso se revalida. Se pueden hacer y decir las cosas que se hacen y dicen en Peter Capusotto precisamente porque hay respeto por la materia prima: como bien dice la dupla, satirizan lo que aman.
Con tantas décadas encima, el rock, aquí y en el mundo, se hiperprofesionalizó, se convirtió en mercancía, se dejó llevar por los números y los lugares comunes. En los peores casos, se creyó demasiado importante, se volvió solemne. En ese contexto, Peter Capusotto hace un aporte para nada menor, devolviéndole un bien cada vez más escaso, en la música y en los medios que la reflejan: el sentido del humor. Sí. Pomelo es rock and roll.