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Revisión de Artaud (Pescado Rabioso - 1973)
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por Pedro Ogrodnik

Perla especial no sólo para la singular carrera de Luis Alberto Spinetta, sino que para toda la historia del rock latinoamericano, Artaud es un disco que sorprende en un comienzo –si lo comparamos con las dos anteriores placas de Pescado Rabioso, "Desatormentándonos" y "Pescado 2", - por su absoluta simpleza, intimismo y rusticidad en los arreglos, pero que luego impacta y sobrecoge al auditor gracias a una exquisita sensibilidad poética y un aire melancólico, intelectual, etéreo, surrealista e inmaculado. Considerado por muchos entendidos como el mejor trabajo en la trayectoria del genial músico argentino, los detalles se develan a continuación.
Para fines de 1973, Pescado Rabioso como banda ya no existía debido a las diferencias musicales entre Spinetta y sus compañeros Black Amaya, Carlos Cutala y David Lebón. La partida de los tres últimos, lejos de amilanar al adorable flaco, lo llevó a escribir y grabar este disco, con la ayuda de su hermano Carlos Gustavo
Spinetta en batería (“Cementerio Club”, “Bajan”), y sus ex compañeros de Almendra, Emilio Del Guercio y Rodolfo García, en bajo y batería, respectivamente. Que este disco haya salido bajo el rótulo Pescado Rabioso se entiende en esta declaración del propio Spinetta: “En realidad no me gusta un artista que se llama Luis Alberto Spinetta. Me parece muy pomposo. Como es mi nombre no lo puedo evitar, pero me gustaría más llamarme Jimmy Choto... no sé. Esa fue una de las razones, lo cual no deja de ser una perfecta idiotez. Otra razón fue que les quise demostrar a los ex-miembros del grupo que Pescado Rabioso era yo”.
Inspirado principalmente a la creación luego de la lectura de los textos Heliogábalo y Van Gogh, el suicidado por la sociedad, del tortuoso e incomprendido poeta surrealista francés Antonin Artaud (1896-1948), el disco se compone de nueve cortes en algo más de 37 minutos de duración. Resulta muy potente para quien se aproxima a este trabajo el advertir cómo con cada repasada el contacto con la placa es cada vez más íntimo y cercano, consiguiendo como resultado final un extraño amor y apego que trasciende geografía y paso temporal hacia la figura y el genio creativo de Luis Alberto Spinetta. Lo que se configura es una placa imprescindible, una obra cumbre. Lo relevante no es la ornamentación (en efecto estamos frente a una obra muy sencilla), sino la enorme sensibilidad que fluye a través de los parlantes y otorga un poco de calor místico a la fría habitación de invierno, entregando una maravillosa compañía para la solitaria existencia de los hombres crepusculares.
Esta verdadera cajita de sorpresas abre con la sencillísima, acústica, cortita y muy suigeneriana 'Todas las hojas son del Viento', uno de los temas más conocidos de la obra Spinettiana, y el clima de calidez es inmediato. 'Cementerio Club', la siguiente, es una suerte de revisión más elegante del período Pescado Rabioso: un blues lento, sensual y con una carga porteña y una esencia de bar impresionante. La particular manera de cantar del flaco, más los llantos que extrae a su guitarra ya han llegado hasta el fondo de tu percepción, y no te los podrás sacar sino con una sobredosis de deshumanización y atomismo que preferirás no recibir.
Volviendo a lo que nos convoca, el disco continúa con la maravillosa 'Por', otra joya cortita, acústica y muy lúdica, con una letra que no es más que un juego de palabras que nos deja de manifiesto la enorme ingenuidad y capacidad de asombro, casi infantiles, que han caracterizado y han sido una suerte de tónica en todo el trabajo artístico del flaco. 'Superchería' otorga un aire más propio de Almendra gracias a la colaboración de los ya citados Del Guercio y García, manteniendo el nivel, la limpieza y la sanidad (¿o será santidad?) del disco.
'La sed verdadera' y 'Cantata de los Puentes Amarillos' son dos de los mejores temas en toda la historia del rock en español: la primera por su enorme sentimiento y un carácter más bien espacial, y la segunda por sus nueve minutos de complejidad, diversidad de ritmos y climas de sensibilidad otorgados por los acordes y las imágenes poéticas que crea la letra del tema, inspirada en las cartas de Van Gogh a su hermano Theo.
'Bajan' es el corte más conocido de este disco y también el más apegado a ciertas estructuras que, dentro de lo que puede ofrecer el álbum, podríamos definir como "radiales". No obstante, no hace para nada decaer el nivel de este opus y logra ganarse el alma del oyente.
Pero lo que viene después es el orgasmo de esta fiesta (junto a la 'Cantata'): es 'A Starosta, el idiota', un tema preciosísimo, de otra galaxia, con un piano simplísimo que dibuja pinceladas de colores sutilmente abrasadores, a los cuales la voz de Spinetta otorga todo lo restante necesario para la inmortalidad. Para retozar y acariciar luego del éxtasis queda la más rockera, pero siempre elegante 'Las Habladurías del Mundo' y después nada vuelve a ser igual, se habitan otras regiones de conciencia, se vuelve a creer en el amor como valor guía, sales de la sesión limpio, iluminado y con el alma de un niño.
"Artaud" es un álbum que me cambió la vida, un amigo real (y de los mejores), una terapia obligatoria para quienes crean no tener salida. Primero llorarán amargamente, luego comprenderán con su más transparente sonrisa que la tiniebla es como la luz en primavera.